jueves 12 de noviembre de 2009

Las Crónicas del Perú: Cusco 4

Y ya cuando el día empezaba a caer, y nuestras fuerzas también, nos dirigimos a la estación de trenes a esperar al novísimo Inca Rail, un tren de nueva factura que iba a ser el encargado de llevarnos a Aguascalientes. Si alguien lee estas líneas, que no creo, y tiene previsto ir a Perú en breve y dejarse caer por Machu Pichu, le recomiendo encarecidamente que viaje en este tren, el Inca Rail. Con muy buen servicio, al menos de momento, y con unos vagones muy nuevos con butacas de piel hace que el viaje de hora y media hasta Aguascalientes pase en un periquete.

En el tren, un amable azafato, o azafata según el día, te ofrece Coca Cola sin gas para beber y unas galletitas saladas que, cuando uno va en reserva, vienen de maravilla. Todo con un trato muy amable y siempre con una sonrisa en la cara, o sea, igualito que en mi pueblo. Bien, la cuestión es que nuestro tren iba tan vacío que éramos sólo 4 personas, por lo que dejaron un vagón en Ollantaytambo. Según ellos es que el servicio apenas había entrado en uso un par de semanas atrás. Pues vale, de coña.

El precio del viaje hasta Aguascaliente era de unos treintaypocos dólares, un robo en toda regla teniendo en cuenta los precios que corren por esos lares. Pero uno ya se iba acostumbrando a ver que los precios de los turistas y de los tulistos variaba ligeramente; los unos pagábamos religiosamente unos precios bastante altos mientras que al resto, a los del país, los precios les salían bastante ajustaditos, supongo que por eso de promocionar lo del turismo interior y eso. En fin, no sé, supongo que eso está bien, pero no sé qué pasaría si en Barcelona hiciéramos lo mismo, aquí vendría alguno con ganas de tocarnos la badana y se acordaría de la madre del alcalde de turno por tener que pagar más que los de aquí y le acabaríamos haciendo un descuento. Bueno, son maneras.

Así pues seguimos camino desde Ollantaytambo descendiendo por el valle hasta Aguascalientes, parada final antes de Machu Pichu y lugar que, siendo fino, no vale un carajo. Quizás es que llegamos tarde, quizás es que estábamos cansados, quizás es que el hotel era una santa porquería, pero bueno, fuera lo que fuera, la cuestión es que el pueblo era para sucidarse en la plaza mayor, si es que tenía. Al menos, nuestro hotel aguacalentino tenía toallas limpias (o lo parecían) y jaboncitos bien cerrados en papel con los que nos dimos una ducha casi de vicio (por lo larga (la ducha)) antes de salir a cenar.

Así que ahí estábamos, en plena noche peruana buscando un lugar donde rellenar nuestros estómagos pero pensando qué coño comer, porque yo seguía "tocado" y cualquier cosa que veía y que fuera para comer me producía arcadas. De hecho, por un segundo me vino un cui (la ratas esa que se comen ahí) a la mente y el pobre bicho casi sale en canoa por mi boca. Qué asco. En fin, que al final encontramos un lugar que hacían un poco de todo y que además tenía la pinta de no estar muy sucio, así que me pedí una pizza porque pensé que un poco de grasa con Coca Cola mataría todas la bacterias de mi cuerpo de una maldita vez.

Pero ni por esas. Conforme la pizza iba entrando en mi cuerpo éste quería echarla a toda prisa, el estómago me dolía más y más y mis ascos iban en aumento, ni la Coca Cola podía parar aquella espiral de dolor que era para cagarse, así que por si acaso, me fui por donde había venido, pagando religiosamente, eso sí, y me volví al hotel por lo que pudiera ser, que irse de varetas en un sitio así no apetecía mucho. Pero, lo mejor del caso es que aquel puto pueblo era tan parecido todo que me equivoqué volviendo y me perdí entre sus callejuelas y, lo que fue peor, dentro de su mercado que ya estaba vacío y sin una sola alma. Qué miedo.

Suerte , pensé yo, que si ahora vinieran un grupo de incas con ganas de cobrarse en carne las tropelías que mis antepasados habían dejado en estas tierras, se iban a llevar un chasco cuando les apuntara y les disparara mi arma química más mortífera de esos momentos. Estaba seguro que, de ser atacado, los incas nunca estarían en disposición de repeler un ataque con agentes bacteriológicos como al que yo les podía someter. Así pues, tras acordarme de la madre que matriculó al señor que pensó en poner tres puentes iguales en aquel pueblo llegué al hotel y me fui tranquilamente al baño, sin prisas pero sin pausas.

Terminado aquel episodio dantesco, nos fuimos a dormir mecidos por la suave brisa de la montaña y, la verdad, caímos redondos por el cansancio. La alarma, al día siguiente, sonaría a las 04:30 AM, sí, sin errores tipográficos, nos íbamos a levantar cuando el río aún no estuviera puesto. Dios. Fue duro, pero a la postre fue lo mejor. La ventaja de dormir en el bello pueblo de Aguascalientes es que cuando abren Machu Pichu a las 06:00 AM uno está a tiro de piedra de la entrada. En cambio, los que llegan en tren desde Cuzco, salen de allá a las 07:00 y no llegan hasta las 10:00, por lo que llegan en manada y cuando, el resto, ya hemos hecho mil millones fotos preciosas, que, por otra parte, es cosa fácil en Machu Pichu.



J. Coltrane

domingo 8 de noviembre de 2009

Las Crónicas del Perú: Cusco 3

Con el cuerpo como nuevo tras la paliza a la que me habían sometido la tarde anterior y con la barriga aún revuelta, por llamarlo finamente, nos preparamos la mochila para salir bien tempranito y no volver a Cusco hasta el día siguiente. Cuatro ropas limpias para cambiarnos serían suficientes para llevarnos hasta Aguascalientes, el pueblo que hay justo debajo de Machu Pichu y "precioso" lugar donde íbamos a pernoctar a la espera de subir casi de madrugada a la montaña que tiene la ciudad que soñaba con visitar desde crío.

Antes de salir tocó pagar el hotel y tras eso un desayuno compuesto del pan típico de la zona, que no estaba nada malo, y un poco de zumo en conserva racionado. Sí, el zumo, según nos dijeron las señoras de la casa, estaba racionado porque si no el dueño del afamado hostal Suecia se pensaba que ellas se lo iban a llevar a casa para ahorrarse unos solecillos. Bien pensado que era el amigo, me dije, y después me acordé de su santa madre porque me tuve que tomar mis drogas con apenas dos dedos de zumo de naranja. Macho que es uno. El pan, la verdad, es que fue una bendición teniendo en cuenta el lamentable estado de mi barriga.

Los amigos de Naywa Tours fueron los encargados de llevarnos en la ruta hasta Aguascalientes y de ahí a Machu Pichu y vuelta a Cusco, trabajo que hicieron solventando magníficamente las pequeñas cositas que salieron a nuestro paso. Pero antes de la llegada a Aguascalientes nuestro tour nos iba a llevar por todo el Valle Sagrado. Una carretera que iba descendiendo flanqueada por grandes montañas y que iba siendo vigilada de cerca por el río Urubamba, río que a su vez riega los infinitos maizales que salen al paso por todas partes en el valle. Ahí es donde se cultiva el famoso maíz gigante que es tan delicioso como apreciado en todas partes.

Lo cierto es que la vista durante el trayecto es impresionante. En un largo descenso desde Cusco a 3300 metros y hasta los 2040 de Aguascalientes uno se siente abrazado por las grandes montañas que hay a ambos lados del valle. El cielo, claro y transparente, tenía unas preciosas nubes de un blanco radiante que parecía puro algodón. A esa altura uno siente que respira aire de verdad, lejos de la contaminación de la gran ciudad, a 3000 metros se puede sentir la naturaleza en estado puro, cerca de las montañas y, desgraciadamente, cerca de los pueblecitos pobres por los que fuimos pasando durante nuestro camino.

Nuestra primera parada fue Pisac, a orillas del Urumamba, un pueblo que, la verdad, uno se lo puede saltar de la ruta sin cargo de conciencia ni problema alguno. No, Pisac es un cuento chino, es el clásico lugar para que los turistas gasten unos soles comprando productos típicos del país. El mercado de Pisac es un lugar que, si uno tiene tiempo, pues está bien para darle un paseíto y verlo, pero si uno va con la hora pegada al trasero se lo puede saltar sin dejarse nada importante. Las que sí son importantes y valen la pena, son las ruinas que hay en Pisac, el problema es que están a unas dos horas andando desde la ciudad, por lo que iba a ir su santo padre a verlas. Esa distancia debe ser el motivo por el cual las ruinas, según dicen, están en muy buen estado. La distancia al populacho influye mucho en el estado de las cosas. Ya ves.

Pero no, en nuestro tour no había espacio para hacer esa excursión esa vez, pero sí aprovechamos la ocasión para comprar algunas piedras de esas que, según dicen (aunque yo tampoco me lo creo) tienen propiedades especiales. Yo me compré una esfera de un mineral verdoso que dicen que va bien para la migraña (defecto que viene de fábrica conmigo) y otra más bien negra que es una aullentadora de malas vibraciones. De momento no he notado nada diferente a antes de tenerlas, pero quizás su poder tarda unos días en activarse. Veremos qué pasa y si noto algún cambio en mi vida que pueda deberse a los pedruscos en cuestión ya os lo hago saber.

Y siguiendo la ruta el tour nos sorprendió con un magnífica parada para recargar motores y llenar los estómagos, bueno, los que pudieran, porque los que lo teníamos convaleciente y hecho polvo como yo nos tuvimos que dedicar solamente a mirar lo que los demás comían. En medio de un pueblito olvidado de la mano de Dios nos encontramos una preciosa casona de estilo colonial con un gran buffet para que uno se pusiera morado. Yo apenas comí un poco de arroz y algunas cosas que no castigaran mi estómago, no fuera que una vez emprendido el viaje camino de Ollantaytambo tuviera que hacer detener el vehículo en medio de la nada para soltar lastre. Por suerte no hubo sorpresas en ese aspecto.

Así pues, bien comidos, seguimos camino en dirección a Ollantaytambo, ciudad Inca que suerte de sus ruinas, porque si no tampoco hubiera sido una gran parada. Las ruinas, eso sí, son espectaculares, aunque nos dejamos el alma en el ascenso hasta la cima de ellas, ya que hay tres millones de escaleras y la verdad es que nuestro cuerpo aún no se había acostumbrado a tanta altura y a tan poco oxígeno, así que fue una asecensión ciertamente dura. En Ollantaytambo brillan las terrazas con las que los incas trabajaban impecablemente sus montañas para evitar los deslizamientos de tierras. Ahí vemos piedras que uno nunca diría que se pueden encajar con tal destreza y perfección.

Ollantaytambo, situada en un lugar estratégico del Valle Sagrado, fue un Tambo, o ciudad de habituallamiento para aquellos incas que recorrían los caminos que unían las ciudades del Imperio. De las ruinas, escaleritas tocacojones a parte, cabe destacar los gigantescos monolitos labrados y encajados espectacularmente en lo alto del complejo arquitectónico. Uno se pone a mirar eso y se pregunta cómo estos tíos tan bajitos pudieron mover esos pedazos de piedra de toneladas de peso. Francamente una obra maestra que el aquí presente no se cansa de mirar y remirar en las fotos.



J. Coltrane

sábado 7 de noviembre de 2009

Las Crónicas del Perú: Cusco 2

Total, que te dicen que cuando llegues a Cusco no hagas esfuerzos, no camines, no te rasques, no pienses, porque puedes marearte y acabar en el suelo por culpa de la altura, que te deja sin oxígeno y te da un vahído tonto en menos de lo que canta un gallo. En altura cualquier esfuerzo cuesta el triple y resulta que como nuestro hostal, el Suecia, era tan sumamente rústico no tenía ni ascensor el puñetero, pero pisos unos cuantos, así que como no podía ser de otra forma nos tocó la suite del tercer piso, por lo que me tuve que comer las escaleras de cada uno de los pisos acompañado de un maletón olímpico que pesaba una tonelada.

Ese esfuerzo debería estar estrictamente prohibido en la normativa cusqueña. Así que claro, cuando llegué a la habitación estaba ya sin aire, veía pajaritos y todo se me movía en cámara lenta. Yo que llegaba con inspiración suficiente como para sentarme en el trono me quedé con las ganas porque el papel higiénico estaba racionado a dos trocitos por culito y día; y además había que pedirlo, así que bájate de nuevo los tres pisos a por un rollo de papel con el que limpiar mis posaderas y luégo súbete tres pisos más. Resultado, pues que ya ni ganas de ir baño tenía, se me había pasado todo.

Quizás será por el mate de coca que nos dieron en el Suecia antes del esfuerzo maleteril o quizás no, pero fuere lo que fuere la suerte (y un cuerpo bien preparado como el mío) hizo que aquel esfuerzo no me provocara mareo alguno, así que pude salir a conocer la capital del Imperio Inca justo en el momento en el que el sol, que se ponía sobre las montañas que vigilaban la ciudad, le daba un tono ocre a la misma que, mezclado con las luces que ya iluminaban la Plaza de Armas, me dejaron absolutamente cautivado y emocionado. Eso sí, toda la emoción la mantuve en silencio y a bajas revoluciones porque la falta de oxígeno se notaba en cuanto mi ritmo de paso aumentaba un poco más de la cuenta.

Lo que sí empezamos a notar fue un airecillo helado que venía de la montaña y que nos heló lo que teníamos helable en cosa de unos minutos, así que durante el reconocimiento superficial de la Plaza de Armas nos asaltaron, entre otros muchos vendedores ambulantes, unas jóvenes que ofrecían agresiones físicas, a los que ellas llamaban masajes, a un precio más que razonable. Por tan sólo 15 soles (algo menos de 4 euros) estas chicas eran capaces de darte de hostias, retorcerte los brazos, apretarte las carnes y machacarte los músculos durante 30 minutos más 5 de regalo por si alguna costilla no hubiera recibido su merecido.

Desgraciado de mí me tocó la masajista inexperta o la hija de puta, según se mire, porque salí del antro que tenían para hacer masajes hecho mierda. Aquella tía se sobrepasó conmigo y me dejó sin ganas de volver a hacerme un masaje. Teniendo en cuenta que iba a perder mi virginidad masajística espera que todo fuera mucho más dulce, a la luz de la luna y con una velitas de por medio, pero nada de eso, la sala de operaciones era minúscula, la masajitas era una bestia, el agujero de la camilla en donde poner la cara daba asco y, el aceite, vete a saber si era aceite o qué era.

Lo que tendría que haber hecho, aprovechando los apretones que me pegaba la tía a la altura de la barriga, y teniendo en cuenta mis circunstancias gástricas, es haberle dejado un regalito de napalm (o incluso de gas mostaza) justo cuando se subió encima mío para continuar el masaje en una postura algo más cómoda para ella, poniendo sus cosas demasiado cerca de mi cabeza. Si en aquel momento le hubiera puesto los puntos sobre las íes a la criminal esa hubiera terminado rápido el martirio al que me estaba sometiendo so pena de intoxicación y guerra química. Pero como no lo hice, como no me atreví a darle lo mejor de mí, por miedo a lo que pudiera suceder, la tipa se puso morada a hostias a mi costa.

Imaginaréis cómo salí del "masaje"; cabreado como una mona. Yo quería relax y suavidad coño, que estaba en un lugar al que no llega el óxigeno!! Aunque para mitigar el dolor nos decidimos a hacer una buena obra, porque cuando uno está en un lugar en el que ve tanta pobreza se le abre el corazón y deja salir todo lo que uno lleva dentro... y lo que uno llevaba dentro eran varias libretas, unos cuentos bolígrafos e incontables gomas de borrar para los críos pobres de Cusco. Cuando la señora que estaba en el Suecia nos vio llegar con tal cargamento de útiles escolares se puso como unas pascuas. A saber por cuánto lo habrá vendido todo... jajaja... No, esperemos que dispusiera de todo eso de la forma correcta.

Y todavía pensando en el masaje de las pelotas nos fuimos a buscar el clásico restaurante para guiris aunque a mí no me apetecía nada de nada meter algo sólido en mi delicado estómago, en especial cuando en un restaurante vi salir el cui, una especie de rata andina que aquí se comen como si fuera pollo. A ver, igual está bueno el cui, no digo que no, pero eso de que lo metan en el horno con su carita y sus ojitos da muy mal rollo y, en mi estado, me dieron ganas de echar lo que quedara de chifa en mi cuerpo. Así pues, mientras intentaba apartar incas ambulantes y cuis de mi mente, iba corriendo por mi cabeza el chifa sesino que terminó con la flora bacteriana de mi estómago y las náuseas me llegaban en grupos de a tres. Pero tenía que cenar, que al día siguiente nos tocaba excursión y había que reporner fuerzas antes de proseguir con nuestro viaje.



J. Coltrane

viernes 6 de noviembre de 2009

Las Crónicas del Perú: Cusco 1

Y como mi cuerpo no aceptaba casi nada el sábado por la noche, el domingo por la mañana me desperté como nuevo en lo que a cabeza se refiere. Sin resaca de ningún tipo pero con un terrible dolor de barriga, el virus seguía activo, los medicamentos que estaba tomando por obra y gracia de una farmacéutica limeña de momento no estaban haciendo el efecto esperado. En la farmacia quedé sorprendido al ver que allá no venden las cajas de medicamentos enteras sino que te venden las pastillas que necesitas por separado, lo que es un detalle, teniendo en cuenta que la mayoría de veces uno acaba tirando sus cajas de medicamentos a medio consumir.

Así pues, apretando y aguantando tomé mi ración de drogas matutina y preparé la maleta de nuevo, esta vez para partir con Cuzco y Machu Pichu, mi sueño de conocer Machu Pichu estaba a horas de hacerse realidad. La ropa de vestir se quedaba en Lima y en la maleta sólo viajaba la ropa y el calzado de deporte y de montaña. Llamamos a nuestro taxi seguro de Taxis San Borja y por sólo 38 soles (9 euros) nos llevó de nuevo al aeropuerto Internacional Jorge Chávez, en donde, tras pagar una puta tasa aeroportuaria de 5 dólares y pico, nos embarcamos en el vuelo 43 de Lan Perú de las 14:55 con destino Cusco.

Tras un vuelo placentero de tan solo una hora, con snack incluido que tuve de desestimar por motivos obvios, llegamos a Cusco, la capital del antiguo imperio Inca que se encuentra a unos 3300 metros sobre el nivel del mar. A primera vista alguien no ducho en alturas dirá ¿y?, pues bueno, resulta que esa altitud es, en realidad, un huevo, sobre todo si uno viene de Lima, ciudad que, hay que joderse, está al nivel del mar. Esas altitudes suelen provocar diferentes estados en función del individuo/a. Si uno sigue unos pequeños pasos y no se estresa en las primeras horas no tiene porqué afectarle la altura y en poco tiempo se aclimata al cambio.

Una de las recomendaciones al ir a Cusco fue la de tomar mate de coca sólo llegar a la ciudad. Bueno, tengo mis dudas al respecto y creo que, además de ser asqueroso, lo del mate de coca es un cuento chino de primera, y yo diría que lo hacen para tenernos drogados a todos los turistas y así vendernos más cosas. Que los incas tomaran coca a todas horas no quiere decir que a los que no somos incas nos vaya a funcionar a las primeras de cambio. Pero bueno, ves a saber, igual sí funciona el remedio casero.

En fin, la cuestión es que por 10 soles de nada (2,5 euros) nos llevaron hasta la mismísima puerta del flamante hostal Suecia, sito, curiosamente, en la calle Suecia de Cusco. No sé cómo llegó una calle a llamarse Suecia en esta ciudad milenaria, pero vamos, ahí está, como decía, el famoso hostal Suecia que, por cierto, queda a tiro de piedra de la plaza de armas. Apenas una pequeña rampa de 50 metros y uno aparece en pleno centro del Cuzco milenario y maravilloso que me dejó impresionado al verlo.

Aunque precioso, nada tiene que ver este Cuzco con el que dejaron los incas cuando los españoles los sacamos a hostias de su imperio. Desgraciadamente muchas de las antiguas edificaciones que dejaron fueron destruidas por los españoles para que el pueblo inca sintiera el yugo de la dominación y sintiera que un nuevo Dios, a todas luces mucho más bondadoso y amigable, había llegado de la mano de las tropas de Pizarro con la instimable tarea de que el pueblo Inca abrazara la palabra de Dios todopoderoso, eso sí, a hostia limpia, que con sangre las creencias entran mejor. Pero dejaré mis críticas a la iglesia para un poco más adelante.

Varias cosas me sorprendieron en la llegada a Cusco Inca. En primer lugar el color del cielo. Ni comparación con el gris de Lima; en Cusco el cielo es azul intenso, eléctrico, de una limpieza y belleza como no he visto nunca. A 3300 metros de altitud el cielo se muestra mucho más claro y despierto que el cielo limeño que está gris y apagado gran parte del año. Otra de las cosas que me impactaron fue la testarudez del vendedor cusqueño. O en otras palabras, para venderte te dan por culo que da gusto. Son palizas a más no poder y uno tiene que ir diciendo que no los primeros días para luego ya pasar de ellos y terminar mentando a sus familias y hasta al mismísimo Viracocha si se tercia.

Otra sorpresa fue la rusticidad rústica del hostal que seleccionamos, el Suecia. Bueno, por 75 soles (algo menos de 18 euros) qué puede uno pedir. Hombre, ya me imaginaba que amenities no tendríamos ni que bañera con jacuzzi seguramente tampoco, pero de eso a tener que pedir el papel higiénico y las toallas, que blancas blancas no eran precisamente, pues tampoco. A parte de eso el sitio era bonito y, como debía ser, rústico. A mí lo rústico me gusta pero sin pasarse, aunque ya se sabe que parte de la gracia de ir a un lugar como Cusco es integrarse en el entorno; a saber: hostales, gorros incas, mate de coca y, como no, llamas, muchas llamas.

Pero la cosa que más me sorprendió fue ver que la bandera gay, la multicolor, ondeando con completa libertad en el Cusco de hoy día, sí, ya ves tú qué modernos son en el pueblo que la izan sin miedo ni contemplación alguna pensé yo. Pero no, después de verla ya muchas veces durante esos días y como mi curiosidad no conoce límites, le pregunté al guía de turno a qué se debía tanta bandera gay por todas partes. Y, la respuesta fue de lo más interesante, la bandera del Cusco es como la gay sólo que invertida en sus colores. Coño con los gays, llegan a todas partes, hasta al milenario Cusco!!



J. Coltrane

jueves 5 de noviembre de 2009

Las Crónicas del Perú: Lima (Limón) 3

Pues eso, que el chifa venía pisando fuerte todo el camino y mi estómago amenazaba con soltar un vertido tóxico, un desastre natural de dimensiones desconocidas. Algo se movía en mi interior y entre acelerón y acelerón del diestro taxista yo iba notando en mis interiores unos retortijones que me doblaban en el asiento posterior del vehículo. Prometí varias velas a diferentes vírgenes peruanas (que allí aún quedan) y a varios santos para que no me dejaran caer en la tentación y me libraran del alien que me reconcomía por dentro. El lomo saltado iba a saltar de mi cuerpo en cualquier momento.

Ave María putísima, me decía yo, ten piedad de este pobre comedor de chupes y ceviches y no permitas que deje el premio en el asiento de atrás de un taxi que, por otra parte, necesitaba una limpieza urgentemente. Por si acaso yo iba apretando fuerte para que no asomara, curioso, algo que no debiera. Y tanta súplica tuvo al final una recompensa: ya estábamos en casa; sólo faltaba el show de la alarma, abrir y cerrar varias puertas, subir las escaleras de la casa (Dios...) y el baño sería todo mío para hacer una descarga ilegal en toda regla.

Pero como la alegría no puede ser completa y porque uno es perro viejo, antes de perder peso en el inodoro decidí hacer una comprobación de rutina que siempre hay que hacer cuando uno está en casa ajena y no quiere pasar un ridículo espantoso. Abrí el grifo del agua para ver si ésta fluia con normalidad y, por tanto, tras la batalla la cisterna del baño se iba a llenar como siempre. Pero pardiez, del caño no caía una sola gota de agua. Dios, mi estómago a punto de reventar, la cisterna vacía y el agua cerrada. Me quise morir. Sólo me quedaba irme a dormir y esperar que todo mejorarara durante la noche.

Finalmente, ya por la mañana, en el baño pude comprobar el motivo de mis dolores de barriga, que aunque no me habían provocado los problemas que yo pensaba sí me estaban haciendo tener una sensación de mareo y de malestar que me dejó en cama toda la mañana. Cada vez me encontraba peor y de pensar en la comida de la noche ya no sabía si la iba a sacar por abajo o por arriba. Tenía náuseas, sensación de fiebre, mareo, malestar general y un dolor de barriga de primera magnitud. En fin, la venganza de Atahualpa estaba servida, el virus estaba en mi cuerpo y había llegado para quedarse.

Y lo mejor del caso es que yo iba de boda ese día, todos los astros se alineaban en mi contra; además tenía que pasar por la peluquería para que me hicieran un masaje. Sí, aprovechando los precios populares (70 soles) y porque mi acompañanta se iba a pasar tres horas allá dale que te pego que si sombra aquí sombra allá maquíllate maquíllate, decidí darme un masajito que tal como me levanté anulé para no jugarle una mala pasada a la sufrida masajista que ninguna culpa tenía de mis excesos gastronómicos. Una presión más fuerte de lo normal en mi barriga podría haber provocado un serio conflicto internacional.

Así pues me quedé en la cama tomando drogas que mataran al bicho que Atahualpa nos había dejado a los colonizadores y me dediqué a beber líquido para no quedarme seco como un cactus. Y como quien no quiere la cosa llegó la hora de ponerse bien guapetón e irse boda, cosa que podréis imaginar cuánto me apetecía. Ya las bodas en sí mismas me parecen un verdadero coñazo, pero si encima tienes facilidad intestinal y a eso le sumas las náuseas y el dolor de barriga continuo pues tócate los huevos, que vaya de boda Rita la cantaora.

Pero no, el Coltrane tenía que cumplir y cumplió, que con lo que me había costado ya la boda de los huevos en trajes, billetes de avión y demás no podía fallar así de fácil. Por lo que salí a la calle hecho un figurín y con una sonrisa de oreja a oreja me fui de boda, una boda que iba a ser para cagarse. En pleno barrio de Miraflores, en la plaza Kennedy tenía lugar tan magno evento al que me moría por llegar. En una preciosa iglesia construida durante la colonización iba a tener cabida una misa coñazo de una hora que no estaba dispuesto a aguantar.

Y no fui el único, porque a media misa, justo cuando me escapaba por la puerta de atrás, una ambulancia llegaba frente a la iglesia para llevarse a una señora que le había dado un jamacuco, imagino que por el tostón con el que nos estaba maltratando el cura de turno que, dicho sea de paso, era español de España. Parece, y me dejó acojonado, que la gran mayoría de los curas que corretean por el país andino son españoles. No me lo podía imaginar ni por el forro, pero así lo he podido comprobar en varias ocasiones estos días. Parece que a nivel eclesiástico la colonización no terminó nunca. Vaya por Dios.

La pobre señora no pudo aguantar el sermón del Padre y se desplomó en el acto (religioso). Para evitar eso yo preferí irme a un Starbucks que había cerca de la iglesia a tomar un café que tranquilizara a la bestia. El estómago me seguía doliendo pero al menos nada hacía presagiar un escape a deshora que tiñera de marrón aquella velada. Así que de ahí al lugar del banquete, por llamarlo de alguna manera, porque de comida fuimos tan justos que sólo pude comer un poco de arroz blanco que quedó justo cuando terminé de hacer mi cola del bufet. Cosa que, por otra parte, me vino como anillo al dedo en semejantes circunstancias. O había pasado un ejército de muertos de hambre o es que había muy poca comida, quién sabe.



J. Coltrane

miércoles 4 de noviembre de 2009

Las Crónicas del Perú: Lima (Limón) 2

En el segundo día en Lima nos desayunamos con más de lo mismo: nubes y más nubes. Por lo que me cuentan los lugareños Lima es como una gran nube 9 meses al año. Es por estas fechas que el tiempo empieza a ser algo más benigno y, sin llegar a mostrar días completamente azules, el cielo empieza a abrirse dejando pasar los rayos del sol. En verano el calor aprieta y el sol brilla en lo alto del cielo, que ya no está cubierto por las grises nubes del habitual cielo limeño. Pero eso sucede sólo durante el verano, el resto del año las nubes están siempre sobre el cielo dando un aspecto gris y triste a la ciudad.

Recorriendo Chacarilla, el barrio donde nos estábamos hospedando, me di cuenta de que lo visto en el trayecto desde el aeropuerto hasta la ciudad no era siempre la tónica general de Lima. Chacarilla es uno de los barrios bien de la capital que, sin llegar a tener un tipo de construcción de lujo que sí tendría en otra ciudad europea o americana, el conjunto no luce nada mal. Las casas están arregladas, tienen un diseño correcto y en él vive la gente con posibles. El aspecto degradado de otros muchos lugares de la capital no se respira en Chacarilla.

Lo que sí se respira, por otro lado, es la sensación de búnker que hay por toda la ciudad, cosa que quizás es parecida en la mayoría de grandes metrópolis sudamericanas. Antes de irnos a dormir por la noche pudimos comprobarlo realizando el ritual para conectar la alarma de la casa donde dormíamos. Aquí nadie se va a la cama sin conectar la alarma, por lo que pueda ser. En los lugares donde hay más pobreza aquellos que viven bien son el centro de las miradas de los que no pueden vivir con esos lujos. Así pues, una casa bien arreglada, dos buenos coches, y varias personas de servicio son un caremelito que atrae a más de uno, por lo que en Lima se hace imprescindible una alarma.

Además de la alarma, todas las casas cierran sus perímetros con vallas terminadas en puntas que esperan ensartar a todo aquel pazguato que pretenda entrar sin permiso expreso de los amos del lugar. No he visto a ningún bandido quedarse clavadito en esas protecciones, pero alguno se habrá dejado medio huevo en el intento de asalto, seguro. Y para rizar el rizo, muchas de esas casas tienen un extra en seguridad que es un alambrado eléctrico que pretende hacer freír de pies a cabeza a los amigos de lo ajeno. Imagino que estará conectado y que los dueños andarán con ganas de ver a más de uno cogidito en los cables temblando al ritmo de la bella melodía de la corriente alterna.

Y por si eso no fuera poco, en muchas de las esquinas de las casas existe la figura del guachimán, o sujeto dormilón que supuestamente avisa a la policía o al serenazgo (policía de barrio) en caso de observar un posible robo o intento de asalto, aunque entre nosotros, el guachimán suele estar o leyendo la prensa, o durmiendo o dándole al pico con los guachimanes vecinos. Si alguien se pregunataba de donde viene el término, pues sí, de watchman, en inglés, que mis amigos peruanos han transformado hasta convertila en la graciosa guachimán. Y lo mejor es que la RAE acepta la palabra abiertamente. Hay que joderse.

A pesar de eso, no he sentido inseguridad mientras he caminado por las calles de Lima. Quizás es porque sólo me he movido por lugares bien y siempre de día, pero no he sentido el miedo en ningún momento. También porque viniendo de una gran ciudad uno siempre toma sus precauciones y no se deja robar de forma inocente. Sea como sea, ese día paseamos de nuevo por Miraflores, regresamos al parque Kennedy y bajo un cielo que se abría dejando pasar los rayos del sol recorrimos la costa pero a pie de playa, cerca de donde los surfistas intentan montar las olas mansas pero heladas de la parte del pacífico que baña Lima.

A pie de Pacífico pude repetir un clásico, acercarme a tocar el agua del lugar en el que estoy. Hombre, así con sólo un dedillo no pude medir perfectamente la temperatura marina y no me pareció que estuviera muy fría, la verdad. Aunque tengo que decir que yo el sensor de temperatura acuática lo llevo bien protegido y centrado en mi cuerpo serrano, en la parte contraria al lugar donde la espalda pierde su nombre. Ese sensor, que es de alta sensibilidad, es el que me indica, en función del tamaño que adopta (desde los -2cm llegando hasta los clásicos 20cm), si el agua que lo baña está fría o no. Así pues en este caso sólo me puedo fiar de lo que me contaron al respecto. No hubo medición in situ.

La playa, como es normal estaba desierta, pero ahí al fondo pudimos divisar la Rosa Náutica, el precioso restaurante que está sobre el agua y en el que comimos, una vez más, de maravilla a unos precios casi tan buenos como la comida, ya que a pesar de ser de lujo apenas gastamos 45 euros entre los dos. Comimos chupe, ceviche, conchas a la parmesana, etc... Así, da gusto, bueno, bonito y barato. El sitio es precioso y recomendable para aquellos que quieran comer bien y estar en un entorno precioso, sobre el mar y con buena compañía.

Y por si no hubiéramos comido poco y tentado a la suerte más de la cuenta, nos regresamos a casa a cambiarnos para comer chifa, la comida medio peruana medio china que aportaron a la cultura del país los miles y miles de trabajadores chinos que llegaron a Perú a trabajar a mediados del siglo XIX para los poderosos del país. Chifa viene de los término CHI y FAAN, o sea, "comer" y "arroz" en chino. Como no hay un país que no tenga su ración de chino por metro cuadrado Perú fue más de lo mismo y contrató a los resignados orientales para trabajar en las tierras o donde hiciera falta, y en condiciones de casi esclavitud. Miles y miles de chinos trajeron con ellos sus "delicias" culinarias.

Delicias ellas, entrecomilladas, porque me sentaron como una patada en el lugar más santo que tengo. Conforme iba comiendo el chifa famoso, iba sintiendo lo agridulce de su sabor, lo saltado de su lomo, la textura de su arrocito chino y, a su vez, iba sintiendo que la revolución comunista había llegado a mis entrañas en algo que tenía visos de acabar oliendo mal y postergándome en el baño. La cena transcurría en la lejanía mientras en la cercanía sentía las idas y venidas de la comida chifa, golpeando mi estómago y entrando a matar con todo lo que encontraba a su paso, lo que quería decir que antes de que me diera cuenta todo aquel festín de comida oriental pediría paso para salir por la vía rápida. Yo rezaba y pedía al Altísimo para que ese momento me encontrara ya en casa, al buen recaudo de un indoro amigo.



J. Coltrane

lunes 2 de noviembre de 2009

Las Crónicas del Perú: Lima (Limón) 1

Como indicaban las previsiones nuestra llegada a Lima fue gris y fría. El cielo, a eso de las 6 de la mañana, estaba medio oscuro pero dejaba entrever una espesa capa de nubes que no nos iban a dejar ver el sol en todo el santo día. La lluvia, por suerte, ni apareció ni iba a aparecer en todos los días que hemos estado en Perú. El tiempo, templado él, nos ha respetado y ha hecho más fácil nuestra estancia limeña y serrana.

Si alguna cosa he aprendido en Lima estos días es que la Coca Cola peruana sabe muy distinta de la española y que, en cuestión de tráfico, esa ciudad es el novamás, es un cachondeo o, como diría aquél, una casa de putas. Después del primer intento de atropello por parte de un taxista sin escrúpulos ya empecé a darme cuenta que en la capital del país la gente iba básicamente por donde le salía de los huevos y sálvese quien pueda, si te pones delante de un coche te la juegas y es bajo tu responsabilidad.

Lo bueno de esa anarquía automovilística es que cuando tienes que subirte a un taxi sabes que el taxista se va a dejar la piel (y no necesariamente la suya) en llevarte a destino. Sabes que cuando acelere no frenará so pena de pegarse un hostiazo con otro taxista de su misma calaña, de los que abunda en Lima. A manos de estos sujetos he visto pasar mi vida por delante en diferentes ocasiones cuando, acelerando, esquivando y frenando como si tuvieran un pase especial de temporada del Santísimo, se me han subido los testículos (y los huevos) del acojone que me han hecho pasar en el asiento trasero del coche.

Así que entre frenazos, intentos de asesinato y atropellos varios dejamos las maletas y tras conversar media mañana nos dirigimos al barrio de San Isidro, muy majo él, a comer al restaurante La Mar, local del afamado chef peruano Gastón Acurio. La verdad es que ahí ya pude ver lo excepcional de la cocina peruana. Un trato exquisito, una carta llena de platos deliciosos y una elección para probar varias cosas a medias hicieron que saliéramos del restaurante a punto de dar a luz. La curiosidad es que al fondo del local pudimos ver a Gastón, que aunque no nos invitó a su mesa, conversaba y comía relajadamente como cualquier otro comensal.

Saliendo de La Mar y aprovechando que el frío no apretaba nos dirigirnos hacia el malecón, desde donde la vista quitaba el hipo. El día seguía nublado lo que hacía que la sensación de frío frente al mar fuera mayor. Bordeamos la costa desde la altura pasando por distintos parques que, en general, me sorprendieron, ya que no esperaba que en Lima hubiera tanta zona verde y, sobre todo, tan bien cuidada. Si uno mira el mapa de Lima desde la altura se sorprenderá de la cantidad de parquecitos que hay por todas partes, cosa que choca con los datos de precipitación de la ciudad, ya que apenas llueve en todo el año. ¿Cómo se consigue eso? pues tirando de agua potable, cosa que, dicho sea de paso, es un crimen en un lugar donde llueve tan poco.

Pero a lo que iba, entre tanto parque pasamos por el Parque del Amor, lugar de encuentro furtivo de parejitas que se buscan en la oscuridad o a plena luz del día para tocarse, en el mejor de los casos, un teta por encima de la ropa. Se hacen arrumacos, se besan y se abrazan bajo la atenta mirada de la escultura de una pareja de enamorados que causó una cierta polémica en la ciudad cuando se colocó en el parque años atrás. Según parece los limeños son bastante puritanos, y el ver a una pareja besándose pues no gustó mucho entre las gentes, que lo vieron como una incitación al vicio, la corrupción y la guarrería contínua.

Y para rematar el día, ducha, ropa limpia (o del revés) y de fiesta a confraternizar con las gentes del país. El Depeche Order es un garito en el que, en contra de lo que yo pensaba, y porque parece que Dios existe, no sonaba música latina. Aunque parezca mentira no he entrado en un solo lugar en estas vacaciones en los que me hayan deleitado con las graciosas y pegadizas cancioncillas latinas que tanto abundan por esos lares. Así que hubo música de los 80 aderezada con copas a 20 soles (4 euros), por lo que podéis imaginar.

Pero lo que no podéis imaginar es lo que vino luego. En Lima, cuando uno sale por la noche y prevé volver tarde y tirando de taxi, suele pedir uno a una compañía segura si es que no quiere acabar sin pantalones y con el esfínter desfigurado. No es costumbre parar el primero que te pase ante los morros porque te puedes pegar un buen susto en forma de o la bolsa o la vida. Nosotros íbamos preparados para llamar a la compañía pero en el teléfono que llevábamos no respondió nadie, así que tras una larga deliberación y un que si sí, que si no, decidimos probar suerte y ofrecerle una vela a la virgen si nos llevaban sanos y salvos hasta nuestra madriguera.

Así pues paramos a un profesional del volante en medio de la vía pública y le hicimos el típico regateo por la carrera, sin mucho éxito por cierto, para que nos llevara por las trotadas calles limeñas. Inspeccioné el coche y su cara y nada parecía indicar que fuera el clásico taxista asesino de turistas, así que nos subimos al bólido que manejaba con la fina destreza de los que dominan el complicado arte de pasar por todos y cada uno de los agujeros de la calle, justo antes de emprender camino a quién sabe dónde y nunca jamás.

Y ahí estábamos nosotros esperando que aquel hombre se girara y nos mostrara el brillo de un diente de oro justo antes de detener el coche para cobrarse unos cuantos soles más de los estipulados a priori. Pero nada de eso pasó. Aunque el tipo iba encerrado dentro de una jaula metálica que impedía que le agredieran busqué un punto de acceso por si llegaba el momento en el que le tuviera que recordar el buen camino del Señor con dos guantazos bien dados, pero como digo, no hizo falta agresión alguna para que nuestro bravo taxista nos dejara sanos y salvos en la puerta de casa acabando nuestro primer día en Lima, no sin antes pagar religiosamente los 15 soles (3,5 euros) que nos había pedido por un trayecto de 20 minutos. Un robo, eso sí, a todas luces.




J. Coltrane

miércoles 21 de octubre de 2009

Sin el Cóndor Pasa (Que Pase)

Ya es mala suerte, ahora que viene Bisbal a Miami a pasar unos días y yo me tengo que ir de viaje. Mis contactos en Barcelona me dieron la noticia, jugosa ella, de que el joven cantor se subía a un avión ayer para venir a estos lugares a promocionar el nuevo disco que acaba de editar y con el que nos quiere dar por saco esta Navidad y, si se tercia y el pueblo así lo quiere, incluso el próximo verano. Y es una pena, porque podría haber conocido a uno de los grandes de la canción ligera española, pero no va a ser posible porque me vuelvo a ir de viaje. Esta vez a Perú, nada menos (y nada más).

Desde aquí de Miami van a ser muchas menos horas que si volara desde Barcelona, 5 y pico exactamente, y además va a ser un vuelo nocturno y directo. Bien porque durará menos, bien porque no tendré que hacer escalas coñazo que me desesperan, pero mal porque de noche me aburro en los aviones porque todo el mundo duerme y porque por la ventanilla no se ve un carajo. Así pues esta noche casi tocando ya al jueves hora de los mayamis, nos subimos al avión con destino Lima (Limón) para, desde allí, visitar Mucha Picha. Dios, qué nervios!!

Si de algo voy bien servido cuando viajo lejos del primer mundo es mi querido y apreciado Fortasec, el mítico sellaesfínteres y resuelveproblemas. Bueno, de hecho casi siempre que viajo lo llevo, aunque vaya a lugares conocidos, pero cuando viajo tan lejos, donde Cristo perdió la alpargata y además tuvo cagaleras, no me olvido de meter una buena dosis en mi maleta. La Loperamida en forma de 10 pastillitas es un producto milagroso cuando uno viaja a esos países que son para cagarse. Nunca lo he tenido que usar, pero quién sabe cuándo puede ser la primera vez.

Y es que cuando te viene el apretón, si no tienes una ración doble de Fortasec, estás jodido. No me quiero ni imaginar en una ascensión al Huayna Pichu y mi cuerpo pidiendo guerra en forma de escape por la retaguardia. En un momento así sólo Fortasec puede sacarte del apuro de tener que decirle al que camina detrás de ti durante la ascensión que esos disparos a quemarropa no son nada personal. Sin ese producto milagroso tienes todos los números para que se te caiga algo al hacer un esfuerzo un poquito mayor de la cuenta. En fin, que el Señor nos ampare y nos tenga a buen recaudo si, Dios no lo quiere, las aguas paruanas nos juegan una mala pasada.

Después de las barbaridades que los nuestros hicieron en el Nuevo Mundo con los indígenas me preocupa especialmente que Atahualpa se hubiera guardado un as en la manga (si es que tenía ases y mangas) y nos deje de regalo los clásicos problemas estomacales de turno que no hacen ni puñetera gracia. Pero bueno, total por un poco de oro y por algunos (miles de) indios muertos tampoco creo que le vaya a durarle el cabreo toda la historia.

También me preocupa el tema llama, o sea, los animalicos esos que corren por los Andes como Pedro por su casa. No suelo estar muy rodeado de animales con más de dos patas y mucho pelo y parece ser que por el país andino abunda el cuadrúpedo camélido en cuestión y que tiene una mala hostia que te deja de pasta de boniato (camote) a la de tres. Parece que cuando la jodía se cabrea te escupe, y como además suele tener la altura de una persona, el esputo te da en toda la cara, cosa que, hombre, entenderéis que no me haría mucha gracia, que esos bichos al menos llevan la gripe A.

Lo que sí tengo ganas ya es de comer como un animal en Perú, porque allí la comida es super buena. Dios, ese cevichito, esas papitas huancaína... Dios, voy a venir gordo como una llama. Pero bueno, ya me recuperaré en la soledad de mi pueblo de esos quilos de más que pueda traer de Perú por obra y gracia de la comida peruana y por obra y gracia de LAN Perú, la compañía en la que volamos y que, dicho sea de paso, tengo muchas ganas de viajar, ya que me han hablado tan bien de ella que espero pastitas, tele individual, atención personalizada, olor a rosas en cabia, e incluso, si me apuras, masajes (con final feliz) a los pasajeros que así lo deseen.

Con lo bien que he oído hablar de LAN espero que no me encuentre con las joviales y macizas azafatas que uno se encuentra en los aviones de Iberia y que le da la sensación a uno que está viendo el Cuéntame, capítulo 1. Un rejuvenecimiento del pasaje no estaría mal en nuestra compañía nacional, que después de lo que estoy viendo en mis últimos viajes con Iberia a uno le apetece estar a 10000 pies para soltar lastre en forma de azafata. Veremos qué habrá en los aviones peruanos.

Y bueno, poca cosa más, la maleta ya está prácticamente lista y sólo faltan por poner las últimas cosas para rematar los 23 kilos que nos permite la normativa vigente de LAN. Estoy dudando en si llevarme el iPod o no para desintoxicarme del sonido peruano, o sea, la música típica del país, que tiene tela. En fin, sí, creo que me lo voy a llevar, porque tantos días con cumbias y demás géneros andinos pueden ser excesivos para mis delicados oídos. Porque oye, que si el Cóndor Pasa, que pase, pero que no me toque los huevos.



J. Coltrane

miércoles 7 de octubre de 2009

San Sergio (y San Baco)

Vaya suerte la mía, quizás es porque Dios es sabio y me lo merezco, quizás porque mis padres estaban de cachondeo allá por 1973 cuando este cuerpo, patrimonio de la humanidad, llegó a la vida en una humilde morada catalana, no sé, pero sea como fuere el tema es que ya es mala suerte que mi santo, San Sergio, haya pasado a la posteridad como un santo de esos que no se tiene muy claro si era un macho romano o más bien perdía aceitillo por las calles de la Roma del gran Marco Aurelio Valerio Maximiano Hercúleo, allá por el siglo III.

Resulta que como hoy es mi santo he pensado que estaría bien saber el porqué alguien hizo santo a otro Sergio hace unos cuantos años. Y alguien dirá: coño, ¿hoy es San Coltrane?, pero no, ni San Coltrane es un santo ni, por suerte, me llamo así fuera de este pequeño mundo virtual que son las Crónicas de Metrópolis. El porqué voy a ser yo santo y mártir lo tengo claro después de la vida de penurias y ayudas al prójimo que llevo a cuestas, siempre dispuesto a ayudar a todo el que se ponga por delante, pero ¿por qué hubo un San Sergio que fue encumbrado hasta el rango de santo y mártir por la, siempre justa y aún más santa, Iglesia Católica?.

Definitivamente la historia no ha sido bondadosa con él debido a que en todas las pinturas y referencias de la época salía siempre junto a otro sujeto, un pesao que no se salía de la foto ni a la de tres; ese era San Baco. Algunos historiadores mantienen que en aquellos entonces, cuando los gays aún no tenían una nomenclatura definida, era muy normal una cierta hermandad entre personas unidas de alguna forma, ya fuera por familia, por el ejército, etc... Pero claro, como hoy tenemos la mente sucia, los vemos juntos y ya creemos que Baco y Sergio eran dos reinas de los mares que se calentaban en aquellas frías noches del invierno romano.

Lo que tenía claro ya antes de saber algo más de mi santo preferido era que a san Sergio, lo que viene a ser un santo de toda la vida, de los de profesión, no le hicieron santo por la patilla o porque tuviera un amiguete en el Senado Romano. Supongo que antes también había mucho enchufado, pero seguro que en tiempos del Imperio Romano no era el cachondeo que es ahora lo que antes fue un Imperio, no, en aquel entonces si te hacían santo y mártir es que te habían hecho putadas hasta cansarse (y matarte).

De lo que el Imperio andaba lleno era de hijos de puta. Sí, porque esto no se inventó hace dos días, no, lo del ser un hijo puta es una ciencia en la que el hombre (y la mujer) lleva inmerso, y estudiando para sacar nota, desde los albores de la humanidad, o sea, que lo llevamos en los genes como llevamos el sexo y el respirar, sin joder al prójimo no es lo mismo. Y como eso es así desde que el hombre es hombre, pues en Roma tres sextercios de lo mismo, así que juntando eso a la feature de la envidia, con la que también venimos de serie, pues acaba pasando que te hacen santo y mártir.

Es que el bueno de Sergio se labró un camino de espinas al ser una de las personas de confianza del Emperador Maximiano, motivo por el cual, sus compañeros de Imperio, hijoputas redomados, le descubrieron ante el emperador, dejándole, en otras palabras, con el culo al aire; y aireando que era un cristiano convencido. Con un par. Y claro, en aquel entonces si uno era cristiano y te pillaban no pasabas de rositas, entonces se pagaba bien caro; te daban por delante y por detrás sólo por ese motivo. El castigo era la tortura seguida de la muerte, sin duda un buen plan.

Dicho y hecho, cuando el emperador se enteró de la noticia le dio la oportunidad a Sergio de que lo desmintiera categóricamente o se atuviera a las consecuencias. Y se atuvo, vamos que si se atuvo, así que consiguió como regalo un paseo de 18 millas con un calzado con pinchos hacia dentro, o sea, el clásico calzado cómodo que todo deportista desea para sus pieses. Con lo que quedó de él tras la carrerita decidieron que mejor no hacerle sufrir, que no valía la pena, pobre, así que sin ni más le cortaron la cabeza. Coño con la democracia romana.

Y si mi santo no terminó la fiesta muy católico que digamos ni os cuento cómo lo hizo su "amigo" Baco. A él dieron hostias hasta en las sandalias y le hicieron la cara tan nueva que lo acabaron matando a golpes, costumbre que parece ser bastante ancestral entre nosotros los supuestamente seres civilizados. Así que parece que ambos santos escribieron un mismo final aunque de distintas maneras. Lo que sí desconozco es si fueron enterrados haciendo la sillita de la reina por aquello de la "amistad" que les unía. Sea como sea, esa es la historia de un santo poco conocido pero importante para algunos de nosotros. Felicidades a los Sergio y, si es que hay alguno, a los Baco.



J. Coltrane

viernes 2 de octubre de 2009

Me RIO de la Corazonada

Pues diría que sí, diría que Gallardón era el único que se creía lo de la corazonada madrileña para llevarse el gato al agua y traerse en el zurrón de vuelta a casa los Juegos Olímpicos de 2016. Viendo el grupo de elegidos para representarnos en Copenhague he tenido la sensación de que el melón, o sea, ZP, o sea, nuestro querido Presidente también se creía que nos iba a tocar la lotería de los JJOO por nuestra cara bonita. Pero bueno, de un estadista consumado como ZP me lo creo todo, porque anda navegando continuamente sin enterarse de nada, talante a babor talante a estribor.

Pero yo tengo que reconocer que hoy me he colado y bien, porque yo me daba por eliminado los primeros, pero viendo que Chicago ha sido la eliminada nada más abrirse las puertas del zoo, por un segundo hasta me he llegado a creer lo de la corazonada de Gallardón. Si llego a tener una bandera patria en casa me la saco (y la bandera también). Francamente, yo hubiera puesto un dedo a disposicón de la organización por que iba a ganar Chicago, pero ya no va a hacer falta, porque se han fornicado la candidatura americana sin que ni siquiera el gran Obama sirviera para darle un empujón de última hora.

Es que la lógica era aplastante para casi todos, por varios motivos; primero porque nunca se repite continente, por arte magia y por efecto jumping, los Juegos van de aquí para allá mareando la perdiz de continente en continente por esas casualidades que tiene la vida. Y segundo, factor por otra parte mucho más determinante y crucial, fue por la demostración de cariño con la que los brasileños agasajaron al jurado que tenía que decidir. Y es que no es lo mismo que te haga cariñitos, con todos mis respetos, Esperanza Aguirre, que ya se la ve gastadita, a que te los hagan unas jóvenes, entre caipirinha y caipirinha, en una fiesta en la que tocas a 5 brasucas de Brasil por cabeza de jurado.

Ya se sabe que esto de los Juegos Olímpicos es más un trabajo de campo, un trabajo de mamoneo non stop, de visitar despachos, de si me votas te la chupo y te pongo un pisito en el centro, y todos esos favorcillos tan típicos de las altas esferas y que tan poco tienen que ver con el deporte en sí mismo y con los méritos reales para organizar un evento de estas características. Por lo que oyes, nunca se sabe, igual Gallardón había enviado a Esperanza, su mano derecha, y ésta había hecho algunos apaños de última hora de cara a recabar unos votos que a la postre hubieran podido ser decisivos y de ahí la famosa corazonada que no se creía ni su madre. Pero ni así, ni con promesas, peloteos ni regalos varios hemos podidos llevarnos el premio gordo.

Y mira que la broma nos ha salido a precio de oro, otra vez. Sí, porque era el segundo intento de Madrid, que ya probó para 2012; y Sevilla, que lo intentó en 2004 y 2008. Así pues, hombre, podemos seguir probando suerte y gastando la pasta que tanta falta nos hace ahora o pillar la indirecta y dejarlo correr para un poco más adelante. De hecho, he oído que la broma nos ha salido a 600 millones de euros de nada, que a dividir entre los miembros del COI(to) salen unas cuantas mujeres de vida alegre por cabeza. Ya me empiezo a preocupar por las olimpiadas del 2020; no, por el amor de Dios.

Ah, eso sí, las ansias de Gallardón de pasar a la posteridad como el alcalde que llevó los Juegos Olímpicos a Madrid se las tendrá que meter en allí, porque no ha podido ser de nuevo esta vez; pero vamos, como mente privilegiada del panorama politico nacional y, como por dinero no será, que paga el vecino del quinto, ya se le ocurrirá algún otro evento al que apuntar a la ciudad para gastar un dinerito y para que se le recuerde por los siglos de los siglos, que unos JJOO igual no, pero verbigracia, una EXPO o un FORUM de las Culturas siempre vienen bien para arreglar una legislatura tonta.

A mí los que me han dado penita han sido los japos. Ellos que van por los sitios sin hacer ruido, no como los americanos que son un espectáculo continuo, han venido pa ná, esa es la verdad, y me parece una santa putada que te hagan venir desde Japón, que está un rato lejos y da un jet lag de cojones, para hacer este papelón. Coño, yo les hubiera avisado para que no hicieran un gasto tonto, que si hay que ganar se viaja, pero para esto te quedas en casa con los robots, las pleiesteixons y los cómics esos que dan taquicardias. Pero bueno, como a ellos la pasta también les sobra pues no está mal que hayan viajado a cargo del sufrido contribuyente nipón.

En fin, a ver si ahora en Río de Janeiro aprovechan para hacer limpieza de fabelas y demás suburbios, que nosotros en Barcelona ya lo hicimos en nuestra olimpiadas y, como excusa, viene muy bien para redecorar la vida de los menos favorecidos dándoles una patadita en el culo para que se aparten un poquito, no mucho, sólo donde no molesten ni salgan en la foto, que no quedan bien. Veremos si no, qué pasará cuando lleguen las gentes a una de las ciudades más peligrosas del planeta y empiece a desaparecer hasta el agua de las piscinas. Ah, y ya de paso, coño, que aprovechen para legalizar el topless en la ciudad, que con lo que dejan a la imaginación las tías en Brasil ya no les viene de enseñarnos el resto.



J. Coltrane

martes 22 de septiembre de 2009

De Borrachines y Bailarines y Viceversa

Tengo que reconocer que el aquí presente y abajo firmante no ha tenido una gran relación con un acto, muy cotidiano él y altamente aceptado entre el populacho, que es el del baile, bailoteo, o movimiento espasmódico al ritmo de una melodía más o menos frenética. No, entre ese acto y el Coltrane Jr. nunca ha habido una relación fluida; sólo a veces, por circunstancias de la vida y por exigencias del guión (y porque la noche me confunde) he sido capaz de mover mi culillo del epicentro de mi cuerpo serrano.

Pero ya adelanto que esos momentos se pueden contar con los dedos de una mano, quizás dos. El resto del tiempo siempre he preferido ver los toros (pero más las vacas) desde la barrera y observar al gentío bailando y cantando los temas de moda que el DJ sabiamente pinchaba para regocijo de las gentes. Yo, en cambio, casi siempre he tendido al movimiento cero, desplazándome, en esas ocasiones puntuales que comentaba, escasos centímetros de mi centro de masas, que por otra parte no desvelaré dónde se encuentra.

Francamente, no le veo la gracia el asunto del baile. Se la he buscado, lo juro, por arriba, por abajo, por dentro, por fuera, y por el resto de sitios pero nada, no hay forma, a mí las notas del regetón, la salsa y demás músicas "bailables" no me inspiran nada, más bien todo lo contrario, me dejan frío, casi helado diría yo, y hasta a veces me producen arcadas. Pero ese es otro asunto. Así que he tendido a ser un sólido rígido cuando el calor de la música me abrazaba en toda su extensión. Mi sentido del rídiculo, exagerado en ocasiones, me ha tenido parado por lo siglos de los siglos.

Es por ello, que con el paso de los años uno se ha ido convertiendo en el centro de las miradas y los comentarios jocosos de los que sí tienen la "suerte" de que les gusta bailar (o lo que sea que hagan) lo que les echen. Ellos, pero sobre todo ellas, tienden a pensar que cuando uno está en una discoteca y no baila, lo está pasando mal; en sus cabezas no cabe la posibilidad de oír El Venao o la Mayonesa y que los pies no te salgan disparados al centro de la pista cual poseso por el diablo. Pero, os aseguro, que hay vida más allá del baile, cuando uno no baila no se lo pasa necesariamente mal.

Lo peor es que son esas mismas gentes las que luego te dicen, todas sudadas de tanto seguir el ritmo, que vaya mierda de música, y entonces es cuando yo me meo toa y me quedo de pasta de boniato pensando que tienen suerte de poder bailar sin importarles que les echen un poquito de mierda a los oídos. Habilidad que por otra parte me indigna, puesto que querría yo tener esa feature instalada y no la tengo. Envidia sana oiga.

Y, decía, uno ha recibido varias miles de veces esos comentarios que he acabado por odiar como: ¡pero baila!, ¡pero muévete tío!, que normalmente coincidían con mi cara de que baile tu madre (si es que la conoces). A lo que seguía otro clásico: ¿pero tío, no te gusta bailar?, y yo pensando: sí, claro, me encanta, por eso no me muevo; pero me lo pensaba y respondía amablemente: sí, pero me controlo. Y claro, tras eso la cara de joder qué tío más raro, ¿has visto Maripuri? a este tío no le gusta bailar, oooohhh!!! Como digo, no me instalaron esta opción en la fábrica. Pero prometo que se puede vivir en paz sin ella.

Ah, eso sí, con el tiempo he llegado a la conclusión de que los que bailan, o sea, los tocacojones que bailan, son como los borrachines: no saben hacerlo solos, necesitan hacerlo en equipo para sentirse bien y aplacar sus ansias de soledad. No, nunca verás a un tío que beba y, si a ti no te sale de los huevos beber ese día, no te presione para que bebas tú también. Es una realidad. No saben hacerlo solos, como los que bailan. Por algún extraño motivo tienen que hacerlo en comandita, tócate los huevos. Y creo que la inducción a la bebida me toca más el asunto aún que la inducción al baile desenfrenado.

Y es que yo entiendo que es algo socialmente aceptado en lo que uno no puede ir en contra por aquello del qué dirán, ¿pero acaso yo te obligo a no beber?, no ¿verdad? pues coño, ¡¡no me obligues tú a beber!!. Quid pro quo, coño, quid pro quo. En fin, que no sé cómo no había tocado este tema antes, ya que es algo que me preocupa (o me preocupaba) desde el principio de los tiempos. Quizás, pienso, que será porque la edad es lo que tiene, ya que ya no frecuento mucho esos lugares de vicio y corrupción (en Miami) llamados discotecas. Lugares, dicho sea de paso, en los que abundan esos pequeños tiranos que beben, bailan y te tocan los cojones sin recato.



J. Coltrane

jueves 17 de septiembre de 2009

Una Historia Diferente

Cuenta la historia, que no yo que no estaba allí, que cuando las huestes de Pizarro llegaron al nuevo mundo y se presentaron al todopoderoso Inca Atahuallpa en la localidad de Cajamarca, en lo que hoy es el Perú, lo hicieron en compañía de un joven dominico llamado Fray Vicente Valverde que blandía la palabra del Señor (que es la buena), biblia en mano, con un cierto temor de que el Inca se levantara de su asiento y le cortara la cabeza y cualquier otra cosa con forma esférica que colgara de su cuerpo.

Básicamente al dominico lo llevaron de viaje porque era familiar de Pizarro, y en aquellos entonces el enchufe funcionaba aún mejor que ahora (que ya es decir), y porque era cura de profesión, así que el tío, ni corto ni perezoso, se presentó con su sotana frente al Inca con el librito de marras para que, si un caso, el señor Inca tuviera a bien cambiarse de religión, porque siendo católico apostólico y romano subiría al cielo por la vía rápida, y si te he visto no me acuerdo. Las cosas de la iglesia.

No contento con eso, el cura le propuso, como parte de la oferta de Pizarro y los suyos, pasar a depender de la corona española, porque ya que estábamos, pues era un detalle por sus partes. Todo, eso sí, sin derramar una gota de sangre inca. Pero el Inca, que ya estaba del cura y de su traductor hasta los cojones, se empezó a poner tontorrón y le dijo muy finamente a Fray Vicente que, y esto no es histórico, se fuera metiendo el evangelio y la corona de España por donde le cupiera o cupiese, a poder ser por el culo.

Y claro, como los curas tienen muy mala leche, y en aquellos tiempos además muy mala hostia, se puso a gritar "Santiago!, Santiago!" por la afrenta del Inca y, que quede entre nosotros, porque se cagó vivo de ver a todo el populacho nativo con cara de "ven pacá que te voy a poner mirando a Cujco". El cabreo era generalizado entre aquella gente y la tensión se palpaba en el ambiente y en la cara del traductor, que ya no sabía si traducir al fray o salir corriendo.

Y yo no sé a qué Santiago llamaría, pero la cuestión es que como por arte de magia salieron hispanos malolientes hasta de debajo de las piedras haciendo que Atahuallpa y el resto de las gentes que le acompañaban cayeran víctimas de una emboscada o matanza, según se mire. Pero, eso sí, por obra y gracia de nuestro Señor Jesucristo, que así duele menos. Emboscada que, por otra parte, supuso la muerte de al menos 2 indios (y 3 vaqueros) y el arresto del Inca bajo tutela de la corona española. Con un par.

Lo que ya no sé, y me gustaría, es saber cómo aparecimos en la ciudad los cientos de españoles que se supone que aparecimos sin que nadie nos hubiera visto, ni oído, ni avisado antes al Inca. Cosa rara, porque si algo no somos los españoles precisamente es silenciosos. Aunque seguro que entre lo que cuentan los historiadores y lo que pasó deben haber tres pueblos y medio. Sea como fuere, al cuestión es que el pobre Inca estaba, en argot coloquial, jodido; así que el tío, muy sibilino él, quiso comprar su libertad a base de darles oro y plata a sus captores.

Pero como esta clase de historias siempre acaba mal, varios meses después los españoles decidieron que estaban cansados de tanto oro y tanta plata, por lo que Atahuallpa tenía que morir, y tras mucha deliberación (o no), y porque creían que el enorme ejército andino estaría llegando para liberarle, se decidieron a matarlo y a repartirse todas las chucherías que les había regalado durante aquel tiempo para que lo liberaran.

Y dicho y hecho, un buen día le dieron la gran noticia de que le iban a matar. Lo iban a hacer sin que sufriera: la duda era si quemarlo vivo o matarlo a garrotazos; pero los curas hispanos le recomendaron que para que su cuerpo llegara a la otra vida debía ser bautizado. Y en ese punto, y como ya veía que no lo salvaba ni Dios, aceptó ser bautizado, que siempre viene bien antes de pasar a mejor vida. Porque nunca se sabe oye. Y esta es la historia de cómo el gran Atahuallpa pasó a llamarse Francisco justo antes de que los españoles le dieran una somanta palos que lo llevó, gracias al bautizo, eso sí, al reino de los cielos por la vía rápida.



J. Coltrane

miércoles 9 de septiembre de 2009

Los Beatles: Una Tortura Remasterizada

Me meo toa con la noticia de que los Beatles regresan por todo lo alto, otra vez. No sé, igual hace muchos meses de su último regreso, pero yo al oír el Yellow Submarine y el Imagine tengo la sensación de que fue ayer mismo que salió a la venta el enésimo Best of de los chicos de Liverpool. Joder, esto ya lo he vivido. La diferencia es que esta vez, al menos, ni vienen en disco doble, ni en vinilo, ni en MP3 ni ná, vienen remasterizados y supermineralizados, con un sonido más puro, digamos.

Es curioso que lo vendan con esa propaganda porque ahora que va todo cristo con su reproductor de MP3 y su música bajada del eMule o del Ares, por lo que, en general, al populacho se la trae floja si el emepetrés de turno viene remasterizado, microprocesado, multiplexado o como coño venga, porque mientras se oiga y sea gratis, tira palante. Así pues, viene EMI y dice que estos discos, material inédito a parte, llevan una remasterización de mil pares de kilobits para que los amantes de los Beatles disfruten y se pongan palote con esos temazos en estado puro.

Y digo yo que parte de la gracia de los Beatles será oírlos en plan sucio, como fueron grabados hace tropecientos mil años ¿no?, con sus refritos de fondo del vinilo y el correr de la cinta de cromo. Pero parece ser que no, que ahora los queremos que se oigan tan bien que nos hagan irnos de baretas en cuanto el submarino amarillo empiece a sonar. En fin, tengo dudas de cómo sonará John Lennon cuando le limpien todos los ruiditos añadidos en el original. Dios, qué miedo... Siendo (muy) fino, nos vamos a estremecer de la emoción.

Pero cuando he estado a punto de quedarme sin echar gota ha sido cuando he leído que además esta vez vienen con videojuego incluido, el acabose. Lo bueno del asunto es que el videojuego va de tocar los distintos instrumentos entre la infinidad de joyas de la discografía biteliana. Uno dice que bueno vale, un videojuego, pero que vaya de "tocar" instrumentos cuando si algo no hacían los Beatles era tocar nada que tuviera forma de instrumento, basicamente porque no sabían, pues manda cojones.

Y es que como ya dije una vez, los Beatles (o Bitels, según semire), serán mi grupo incógnita por los siglos de los siglos. Francamente nunca entenderé su éxito ni que la gente hoy en día siga perdiendo la chaveta por comprar de nuevo las cancioncitas de Lennon y su hueste, que ya las hemos oído medio millón de veces, como mínimo. Pero hay que reconocer, siendo justos, que para no saber cantar, ni saber tocar, ni saber nada de nada de música, no lo han hecho mal. Sobre las letras, pues hombre, como en botica, en poco de todo.

La cuestión es que yo los hacía medio enterrados y resulta que sólo estaban de parranda a la espera de clavarnosla por la espalda con esta nueva entrega remasterizada, que aunque parezca mentira siguen habiendo cosas por editar. Espero que al menos esta vez ya hayan sacado todo el material que les quedaba a los señores de EMI en los cajones de la discográfica, porque otro lanzamiento de discos, con su consiguiente repaso de los mejores temas ya no sé si lo podría soportar. Pero me asalta una duda: ¿tendrán ya en mente una edición remasterizando lo remasterizado?

Pero ya me puedo olvidar del asunto, porque estos días, en la tele, la prensa y la radio nos volverán a dar por saco con el maldito submarino ese, seguro. Espero que al menos esta vez en EMI, aunque no creo, cojan la llavecita del cajón que pone Beatles y la escondan bien para que nadie dé con ella en los próximos 20 años. Mientras tanto, tendremos que aguantar la tortura a la que nos van a someter, aunque eso sí, si nos tienen que torturar, al menos que la tortura sea remasterizada.



J. Coltrane

sábado 5 de septiembre de 2009

El Día Que Me Despedí de Antoñita

Hola Antoñita:

Seguramente tendría que haber escrito esto mucho antes, sí, definitivamente sí, hace algunos meses. La verdad es que el tiempo ha pasado volando y casi no me he dado cuenta de que hace ya un año y medio que nos conocimos. Dios, cuánto tiempo, ¿no?. Pues ya ves, creo que tras todo este tiempo es momento de cerrar una etapa de mi vida de una vez por todas que, dicho sea de paso, me hubiera gustado cerrar cara a cara como hacen las personas "adultas", "sinceras" y los amigos "leales" (permíteme que entrecomille algunas de tus palabras preferidas).

Como yo sí soy "franco" y "sincero" con mis amigos me apetece decirte algunas cosas que debería haberte dicho hace mucho tiempo. Y es que cuando revivo en mi memoria el capítulo de radio frustrado me da hasta vergüenza. Todo fue tan extraño desde el principio, aquella forma de conocernos, aquellas semanas que hablábamos cada día, aquellas historietas tan raras que me contabas, aquel ofrecimiento laboral sin conocerme de nada, aquellas excusas para no empezar a grabar, vamos, todo.

Tú lo ofreciste y por tanto podrías haber encontrado mil maneras de haberme dicho con sinceridad que no era posible hacer radio juntos. Hubiera sido fácil y lo hubiera aceptado sin problemas porque en la vida estas cosas pasan, pero Antoñita, lo que me ha dolido de verdad es que me hayas engañado y me hayas dado largas durante tantos meses. Vaya por delante que lo permití porque mi deseo de hacer radio podía con la vergüenza ajena que sentía al oír algunos de tus pretextos para no empezar a grabar.

Cosas tan ridículas como que si el contrato se había perdido al cambiar de oficina, que si las elecciones americanas, los presupuestos de la radio, que si las elecciones españolas, en fin, un sin fin de capítulos que eran esperpénticos y kafquianos y que empecé creyendo hasta que se te vio el plumero al kilómetro. Para hacer radio no tenías tiempo, pero para quedar a tomar algo siempre te sobraban minutos.

Cuando empezamos a grabar pensé que quizás sí, que quizás iba a ser cierto y que podíamos hacer algo interesante. Pero hábilmente me diste largas hasta que me fui a Miami y entonces todo cambió a mi feliz vuelta, poco a poco te fuiste alejando con el pretexto del trabajo y tus temas personales hasta que llegó un punto en el que directamente ni llamabas ni devolvías los emails. Todo muy bien planeado y ejecutado. Pero una forma muy fea de hacer las cosas. No Antoñita, eso no se hace. Eso no es ni de "sincera" ni de "amiga leal" ni de nada de lo que decías que eras.

Pero bueno, como todo sirve en la vida, la próxima vez que aparezca alguien en mi vida con la fantasía desbordante que te caracteriza saldré corriendo a toda prisa, por si acaso. Aunque bueno, igual eso ya me pilla en Miami, porque el año que viene me voy a vivir allá y estoy realmente ilusionado por vivir esa aventura con una persona a la quiero de verdad. Eso es real y no pura ficción como lo de trabajar en la radio. Igual no recuerdas todo lo que prometiste, pero yo sí.

Así pues, me alegro de haberte conocido y me gustaría pedirte que cuando hables con algún amigo y te venga a la cabeza darte el cuento de que eres tan "sincera", tan "directa" y todas esas cosas con las que te llenabas la boca, te lo pienses un poco, te acuerdes de mí y lo dejes pasar, será mucho mejor para todos. Ah, pero eso sí, en una cosa sí tenías razón, no me convenías; no podría estar más de acuerdo.

Un saludo y que Dios reparta suerte



J. Coltrane

viernes 28 de agosto de 2009

36

Suma y sigue. Ahí están los 36 del Coltrane... dios, cómo van cayendo. Parece que fue ayer que escribía sobre mis 34, y luego sobre mis 35 y ya ves, ahora llegan los 36 a dar por saco. Un año más del que, como viene siendo habitual estos últimos tiempos (y me estoy mal acostumbrando), no me puedo quejar. No, porque en este último año de mi corta pero dilatada vida, todo ha salido a pedir de boca. Cuando miro para atrás y hago repaso de lo que ha dado de sí el año, me digo, coño con el año, qué bueno el jodío.

De las cosas importantes que hay que agradecer a mis 35 ha sido la cantidad de viajes que he hecho en este año, la verdad es que me he pasado. Madre mía, mi presupuesto de viajes lo he destrozado y se ha ido a tomar por saco como ningún otro año. Durante mis 35 he viajado a Miami (en repetidas ocasiones), a New York, a Orlando, a Estocolmo un par de veces, a Londres, y a Chicago... casi nada. Al menos a nivel turístico ha sido un año completito.

Y para estos 36 espero que en ese aspecto sea más o menos lo mismo. Tengo muchos planes de viajes que irán saliendo poco a poco algunos y otros quedarán en el tintero, básicamente porque ni las vacaciones ni el dinero son infinitos. No os revelo los sitios que planeo para este próximo año porque prefiero ir viendo qué se cumple y qué no y entonces contarlo. De alguno de esos viajes ya hay billete y es cuestión de semanas que llegue el momento. De otros aún no hay billete pero lo habrá en pocos meses.

Lo que sí no va a haber este año va a ser una fiesta de cumple. No, eso ya se terminó. He hecho mi fiesta de cumple a la vuelta del verano cuando todos regresábamos de nuestras vacaciones y ha sido como una costumbre para empear el año laboral. El año pasado ya no me apeteció organizar la cenita y luego buscar un sitio básicamente porque uno se cansa de organizar cenas después de tantos años y porque ya estoy harto de eso del "uy, qué caro 20 euros cena, copa y puro", "es que a nosotros nos cuesta el doble porque somos dos", "ya te confirmaré", "igual me paso"... En fin, las clásicas cosas que uno oye y dice que anda ya, que busque restaurante tu tía la de Zamora.

Imaginad la cara del tío del restaurante cuando uno reserva entre 10 y 20 personas. Pues claro, no les hace ni puta gracia, y con razón. Así que este año celebraremos que me queda uno menos tomando algo, contándonos historias del verano y riéndonos de lo de siempre. Lo típico. Porque además, con la que está cayendo nos tenemos que reír mientras podamos, que no es para tomarlo a broma pero hay que aprovechar que hasta ahora he esquivado la crisis esta de las pelotas.

Así que ya que los 35 me han dejado un buen sabor de boca a nivel laboral tengo que dar gracias, no sé a quién (a Zapatero no, desde luego), pero tengo que dar gracias. Lo mismo que en cuestión de salud, que aunque las carnes pesan más cada día, todavía siguen bien puestas y colgando lo justo, así que no me quejo, que eso también es algo por lo que hay que agradecer, y muy a menudo además. De Viagra todavía no tiro, pero ya queda menos para entrar en el mundo de las pastillas de colores.

Y para el final, pero no por ello menos importante, los 35 me han dado una estabilidad emocional con mi pareja que estoy seguro que los 36 afianzarán si uno de los miles de aviones que cojo para cruzar el mundo para ir a verla no tiene ningún percance, claro (Ave María putísima). Aunque no creo que interese mucho a la humanidad, tengo que decir que durante mis 36 habrá muchas novedades al respecto, pero ya os iré poniendo al día de todo cuanto acontezca, si acontece y si tengo a bien poner al populacho al corriente de mi vida privada. Que eso ya lo veremos. Eso sí, de momento, como todo eso ya vendrá más adelante, me voy a quedar degustando este día de autos así como todos los que estén por llegar, que ya tengo 36, coño!



J. Coltrane

domingo 16 de agosto de 2009

Exiliando a Juanes

Como siempre he sido un tío muy comprometido con los temas sociales, este viernes aproveché mis últimas horas en Miami para acercarme a ver el circo que han montado los cubanos de cuba por estas tierras. El asunto se ha liado y bien liado porque resulta que a Juanes, el cantante de la camisa negra, le han entrado ganas de irse a La Habana con su camisa a cantarle a los cubanos que están jodidos de verdad. Así, de buenas a primeras, tampoco sería nada noticiable, pero lo es, porque la comunidad cubana en Miami pesa más que ninguna otra y porque a ellos que vaya alguien a su país mientras el bueno de Fidel esté ahí pues les toca las pelotas.

Para los cubanos de Miami, cualquiera que pretenda tener alguna relación con la Cuba de Castro es, automáticamente, tildado de comunista, siempre y cuando uno no vaya allá a cagarse en el régimen establecido, cosa que, por cierto, desde aquí es super fácil de hacer y no te cuesta ni un latigazo. Así pues, cuando Juanes dijo que se iba a La Habana pero sólo a cantarle a su camisa, y sin la menor intención de criticar al régimen de Castro, se le tiraron encima a morderle todas las fuerzas vivas de la ciudad de Miami y le llamaron de todo menos guapo.

Salieron artistas, políticos y gentes varias criticándole y acordándose de la señora madre que lo matriculó por el hecho de ir a hacerle la pelota al gobierno castrista en vez de quedarse en su casa de Key Biscayne tirándole el frisby al perro y limpiando la camisa de marras. Y la manera de simbolizar ese ataque al cantante colombiano fue rompiendo discos suyos; se reunieron todos frente al famoso café Versalles de la Calle 8 y con unos martillitos y unos cuantos discos (muchos de ellos pirata, dicho sea de paso) le fueron dando matarile a la música del pobre hombre.

Y ahí la organizaron, así a ojo se juntaron unos 30 abuelos de los primeros que salieron de Cuba perseguidos por Castro y se pusieron a gritarle a Juanes algunas perlitas que no vienen al caso, básicamente porque no se les entendía nada, ya tú sabes mi amol. Todos esos abuelinos, pensaba yo, muy beligerantes y con mucha mala leche vocal, pero, eso sí, todos "luchando" desde su exilio americano de Miami (hay que joderse), con los privilegios que ello les comporta, mientras sus compatriotas se mueren de hambre y de más cosas en la Cuba anticuada y trasnochada de Castro. Coño, así ya se puede.

Así que ahí estaba yo, en medio del maremoto (exagerando un poco), filmando y sacando fotos con mi cámara para reírme un rato por lo bajini, viendo como se les hinchaba la vena a los abuelos y pensando que, abuelo, no grite usted más que con el calor que hace le va a dar algo y no le salva ni Dios. Pero nada, ellos erre que erre a grito pelao pisando discos y partiendo carátulas para decirle a Juanes que esta ciudad le ha dado mucho musicalmente y que ahora él les daba la espalda. Bueno, quizás olvidarán que en esta ciudad además de cubanos, ya tú sabes, hay muchas más gentes de toda latinoamérica que compran los discos de Juanes.

Tengo que decir que yo veía los toros desde la barrera, o sea, a lo fácil, estaba exiliado en la acera frente a la que se cocía toda la protesta abuelina. Y como además había la típica reportera a pie de calle que iba con su cámara, su micro y sus cosas, pues me quedé a su vera viendo cómo funcionaba eso del directo desde Miami. Pero ya en aquel instante noté una presencia detrás de mí que me hizo sospechar y poner el rádar anti cubano coñazo con sermón de regalo. Un tipo, rudo todo él, llevaba un trozo de disco (digo yo que de Juanes) en la mano y se acercaba peligrosamente.

Yo, como perro viejo que soy, los huelo a la legua porque llevo el radar siempre ON. Tengo una facilidad pasmosa para adivinar quién tiene ganas de darte el coñazo sin premeditación pero con alevosía y sin venir a cuento. Simplemente cruzando miradas supe que el sujeto/a en cuestión tenía ganas de largar de lo lindo y que me había identificado como una presa fácil. Y efectivamente, en cuanto me di la vuelta ahí estaba el amigo, nicaragüense él, con el discursito listo para darme mi ración diaria de historia y de conocimientos varios.

Pero no, esta vez no le hice un regate como suelo hacer a esta clase de gente que te aborda para hablarte sin más, secillamente porque me hacía gracia escuchar lo que el tipo manejaba por su azotea al respecto de Juanes y el polémico concierto. Y bueno, más o menos lo que ya esperaba, a él, si Juanes iba a La Habana a cantar o se la cortaba a trocitos muy pequeñitos se la traía bien floja, y hasta me aseguró que a la gran mayoría de cubanos de Miami también, pero que los que habían organizado todo aquello (Vigilia Mambisa) eran las gentes que manipulaban más a la opinión pública. Y bueno, yo le dije sí sí, ya ya, y vale vale, y tras un rato de cordial charla me marché pensando que bueno, que podría ser verdad y no haber pasado.

Así que me adentré en la boca del lobo, y en el mismísimo Versalles, cuna de innumerables "luchadores" exiliados cubanos que viven en Miami como Dios, o mejor que él, me tomé un zumito de naranja bien majo por 3 dólares mientras veía como el asunto se cocía entre el populacho allí asistente. Y como iba haciéndose tarde y tenía cosas que hacer, me dije que yo qué coño hacía allá con el calor que hacía y la poca gracia que tenía aquella gente, porque a mí, francamente, me la trae al fresco si Juanes canta en Cuba o en el bar de debajo de su casa. Aunque me quedó claro que todos aquellos "revolucionarios" anticastristas si pudieran lo exiliaban, pero a hostias.



J. Coltrane

viernes 7 de agosto de 2009

Key West: Una Ballena, Un Tiburón y Un Poquito de Ron

En fin, como iba diciendo, me encontraba rodeado por un ejército de bañistas que gritaban, reían, se sumergían y se meaban junto a mí. Cada uno a lo suyo pero todos más o menos juntos por aquello de minimizar las posibilidades de que un tiburón se les comiera una pierna. En ese momento alguien grito "Shark! shark!", y nos cagamos. Miramos en la dirección de donde venían los gritos para ver si era la típica broma de los de Oklahoma, que son muy cachondos, pero ni mucho menos, teníamos visita.

A riesgo de morir devorado por el escualo me lancé a toda velocidad hacia donde supuestamente nuestro amigo había visto el tiburón. Cuando llegué, el bicho, como es normal, ya no estaba, se había marchado una vez su curiosidad quedó saciada. Así que me centré en sumergirme para encontrármelo cara a cara si es que aún estaba por allá. Pero en una de mis zambullidas, y justo cuando ya regresaba a la superficie, con mis nervios a flor de piel por si veía al animalico se me heló la sangre. Me encontré cara a cara con la muerte, a menos de medio metro se me puso el animal más temible jamás visto: la foca de Oklahoma, en su versión XXL.

Sí, un especimen de cerca de 250 kilos dejaba remojar sus carnes por las calientes aguas del sur de la Florida sin apenas moverse. Yo, que buscaba emociones fuertes, las encontré todas condensadas voluptuosamente dentro de un mismo bañador, un modelo de final de los 70 que cubría una piel más blanca que la mía y que lo seguiría siendo in eternum porque la joven era la que habíamos visto ponerse tres toneladas de crema antes de meterse en el agua. Así que tal como salía yo del fondo hacia la superficie para tomar aire me encontré al ballenato a escasos centímetros de mí y casi me quedo en el acto. No estaba preparado para aquella visión, por lo que aquella hembra flotando a la deriva me hizo olvidar a los tiburones por un momento.

Cuando huía como alma que lleva el diablo hacia otra zona infestada de bañistas me encontré con otro bicho, este marino, que me hizo mucha ilusión ver. Era una manta/raya de un metro de longitud más o menos que estaba parada sobre la arena del fondo, flipando con lo que veía encima suyo. Se quedó quieta mientras la admirábamos y se fue moviendo poco a poco mientras no la perdíamos de vista. Pero claro, hasta ahí podíamos llegar, cuando un listo de los que la miraba se sumergió para tocarle los huevos el bicho salió a toda velocidad, no se iba a dejar tocar por un cualquiera.

A todo esto ya llevábamos una hora metidos en remojo, por lo que nos decidimos a salir. Cuando el resto de la chusma salió recogimos velas, comprobamos no habernos dejado a ningún lugareño en el agua y pusimos rumbo a Key West de nuevo dando un pequeño rodeo para poder presenciar a medio camino la impresionante puesta de sol. Quizás fue una de las mejores cosas de la salida, la espectacularidad de ver como el mar engullía al sol en cuestión de minutos no es algo que uno acostumbre a ver rodeado de agua por todas partes. Bueno, de agua, de ron y de reggae.

Y es que a la ida sólo nos habían repartido hielo con un poco de agua (sí, aquí funciona así) por lo que la gente se había comportado y nadie hablaba con nadie que no conociera, pero a la vuelta, una vez todos bien mojaditos, salió a escena el ron y la amistad se desplegó por cubierta. Los de Nebraska hablaban con los de Oklahoma y viceversa, algunas chicas wooowww!! gritaban, perdían los papeles y hacían de las suyas tirando la caña a los jovencitos, y un grupo de estudiantes del college de turno intentaban beneficiarse a una jovencita que ya apuntaba maneras en cuanto al arte de mover el culillo excretando feromonas para calentar a los machos del lugar.

Y vaya si me los calentó la amiga. Primero le hablaron dos de ellos, pero cuando el resto vieron que había carne fresca en cubierta, se avalanzaron sobre la presa a ver si la podían montar a la de tres, rodeándola para no dejarla escapar. Pero ni así, y mira que los machos se las ingeniaron de todos los colores, que si jijiji, que si jajaja, que si te voy a poner mirando pá Guatemala. Pero nada, la niña era joven pero de tonta no tenía ni un pelo, por lo que ya a la desesperada alguno hasta se quiso hacer amigo de la madre/tía de la joven. Y ahí nos quedamos con la ganas de saber qué más pasó y si alguno puso una pica en Flandes, porque el capitán anunció que llegábamos a puerto, no sin antes darnos una propaganda para ir a esos bares tan americanos donde hay toros para montar, casi ná. Espera que ahora voy.

Y ya para poca cosa más dio el fin de semana, el domingo por la mañana después de sudar un poquito mientras desayunábamos en nuestro hotelito, recogimos las maletas y enfilamos camino a Miami con toda la tranquilidad del mundo, parando en las playitas con agua caliente que nos apetecía, a hacer fotos y a comer en sitios bien turísticos. La verdad es que el fin de semana en Key West salió de maravilla y ya hemos dicho que cuando baje el calor nos iremos a ver si con fresquito es todavía mejor pasear por ese cayo (malayo).



J. Coltrane

martes 4 de agosto de 2009

Key West: Una Raya, Un Pezón y Un Poquito de Calor

Mira que nunca lo hago, pero viendo cómo caía el Lorenzo sobre mi cabeza este fin de semana en Key West, me compré una gorra de esas q compran los turistas cuando van de vacaciones y no quieren tostarse al sol. No veas cómo ha pegado el sol este fin de semana en el cayo que dista sólo 80 millas de cuba. Increíble, por eso lo primero que dije cuando bajé del coche frente a nuestro hotel en el cayo fue: "¡Ave maría putísima, qué calor!". Durante todo el fin de semana hemos tenido temperaturas de entre 32 y 34 grados pero con una humedad altísima que los convertía en 43 ó 44 grados de los pegajosos, de los que caminas por la calle diez minutos y estás empapado en sudor. Ahora entiendo por qué es temporada baja en el cayo.

Así pues uno pensará que con ese calor o nos hemos pasado el día metidos en el agua o bien en la piscina. Pues bueno, ni lo uno ni lo otro, porque resulta que el cayo malayo este tiene guasa para bañarse. El agua no te la acabas, pero una playita decente es casi imposible de echarse a la boca. Una vez soltadas las maletas y habiendo comprobado que la bañera de mi casa era más grande que la piscina de nuestro hotel, salimos, no sin miedo, a darnos una vuelta por Duval Street (lo que sería la Quinta Avenida de New York en tamaño mini), y pudimos comprobar que bañarnos en el mar no iba a ser cosa fácil.

La primera playa que encontramos tenía el agua marroncilla y caliente como si hubiera pasado una legión de infantes y/o de abuelos con poco control sobre sus esfínteres. Así que viendo el panorama nos fuimos escopeteados hacia el lado contrario de Duval Street para seguir "disfrutando" del solecito y para degustar el estilo caribeño de las casitas de aquí. Casitas que, por otra parte, tiene que se un gustazo verlas volar cuando llegan los Katrinas de turno en septiembre. La vista, eso sí, es de lo más curiosa cuando mezclado con las casas te ves a toda la americanada de Oklahoma paseando, rojos hasta las cejas, por las calles. Aquí de hablar español olvídate.

Como bañarse en el agua iba a ser tan complicado pensamos en la posibilidad de ir a hacer snorkel, que vendría a ser el buceo con tubo de toda la vida pero en inglés, que mola más y parece más guay. Así que ni cortos ni perezosos le soltamos al tío un porrón de dólares para que nos llevaran en un catamarán junto con tres mil americanos de Tulsa a la barrera de coral que hay a diez kilómetros mar adentro y que, según el capitán del barco, era la tercera mejor del mundo. Bueno, no me imagino la cuarta. La verdad es que el agua andaba medio removida y trabajo tenía uno con no encontrarse con un tiburón en los morros como para ponerse a buscar corales.

Una de las features del catamarán es que había barra libre de bebidas sin alcohol y de ron con noséqué, y todo ello aderezado por la megafonía del barco con unas bonitos temas de reggae. Ya sólo faltaban los piojos; yo pensaba que acabaría tirándome por borda, pero ni mucho menos, hasta fue divertido y todo. Y oyes, así tal cual salimos de puerto para nadar un rato en la barrera de coral, y de vuelta darle al ron con reggae y ver la puesta del sol. Más romántico imposible. Lo peor es cuando nos repartieron el material para bucear, ahí se me cayeron al suelo. La boquilla de las gafas no era virgen precisamente, y aunque nos aseguraron que estaban saneadas, no se lo creyó ni su madre, porque el agua del mar curará, pero sanear ni de coña.

En fin, que llegó el momento de zambullirse. Yo, viendo que estábamos muy lejos de la costa, ya pregunté por mis queridos tiburones, porque yo pensaba que si no los controlaban aquello iba a ser una merienda de negros (y de blancos). Me veía que como una joven estuviera menstruando iba a poner cachondos a todos los escualos de la zona y se iban a dar un festín de piernas y brazos a nuestra costa mientras el capitán se partía el pecho con la broma. Yo miraba a los de Tulsa y pensaba que coño, que si yo fuera tiburón tiburón antes me comería a una de esas jovencitas de peso relajado que a un pobre esqueleto blanco y sin sustancia como el mío. Pero claro, todo eso eran puras suposiciones, que vete tú a saber si los tiburones estaban de régimen o qué.

Por lo que mira, pensé que con la de gente que había en aquel barco muy mala suerte sería si un escualo tenía que comérseme a mí y no a otro/a, por lo que me lancé al agua como un jabato, como un valiente que había visto miles y miles de horas hacer lo propio al mismísimo Jaques Cousteau. Lo tuve en mi retina antes de lanzarme a las cálidas aguas del caribe a ver... nada. No, no se veía un carajo en aquel mar, había resaca y no alcanzabas a ver a más de tres metros de distancia. Era la mejor manera para que una manada de tiburones cachondos nos tendieran una emboscada y por arte de magia nos dieran por detrás justo antes de hincarnos el diente por delante.

Pero cuando ya estaba yo en el agua y me saqué las gafas un momento para desempañarlas a golpe de esputo, vi a todo aquel batallón de Oklahoma en el agua y entonces supe que con suerte veríamos coral, y porque no podía salir nadando. Hombre, imagino que un tiburón con dos dedos de morro no se acercaría a semejante retahíla de gente en bikini/bañador que además va bien adobada con cremas solares de distintas protecciones; ni de coña. Pero nada más lejos de eso, un par de tiburoncillos todavía adolescentes y con ganas de conocer a la especie humana (ya ves tú) se pasaron a ver qué era todo aquel berenjenal y aquel griterío a la hora de la siesta. No sé cómo andan de huevos los tiburones, pero si tienen, debieron acabar hasta los mismísimos. Si tenían hambre se les debió pasar de vernos chapotear en sus aguas. Desdichado de mí, no los vi poner cara de asombro antes de salir disparados mar adentro y sin querer mirar atrás.



J. Coltrane

viernes 31 de julio de 2009

Orgasmo Musical (Fingido) en HD

Dicen, aunque lógicamente a mí no me ha pasado, que hay mujeres (guarrillas ellas) que fingen los orgasmos cuando están con sus parejas, con sus amantes o con quien quiera que sea en la cama o sobre la lavadora haciendo guarrerías españolas, dale que te pego. Eso, que es posible que pase, me vino a la cabeza ayer noche cuando empezó el concierto de Thalia en la Room 100 de UM (University of Miami). Sí, Thalía, la que salía con Emilio Aragón en VIP Noche. Y al leer esto alguien dirá: ¡Coño, el Coltrane se nos ha vuelto loco y ha perdido los papeles y the chaveta!

Vale sí, un poco, pero es que resulta que nos regalaron dos entradas para ver el concierto de regreso a los escenarios de la cantante mexicana. Según explicó, vuelve después de haberse dedicado a procrear y a cuidar de un/a crío/a que ha tenido junto al famoso productor Tommy Mottola, otrora compañero de lavadora y juegos eroticosexuales de Mariah Carey. Se lo van pasando al amigo. En fin, a lo que iba, que como era gratis y se grababa un DVD para la ocasión, pues dijimos: ¡coño, vamos!.

La cuestión es que llegamos a la sala de conciertos que resultó ser un campo de básket muy bien adornado para la ocasión. Y lo primero, que se las saben todas, quitarnos móviles y cámaras, para no joderles el DVD en Youtube antes de hora más que nada. Tras eso accedimos al escenario, que tenía una decoración intimista, con sus lucecitas colores pastel, lámparas de pie y todo eso, vamos, rollo Unplugged, pero sin llegar a serlo, porque había una cantidad de pluggeds ("enchufados") por todas partes que daba gusto. Las entradas no estaban a la venta, y se había repartido entre los "amigos" de Sony Music, o sea, que de los que estábamos allá les gustaban las canciones de Thalía a 4, y el resto simulábamos orgasmos musicales. Al menos, Sony tuvo la generosidad de dar unas cuantas entradas a los fans de la artista que, por desgracia, eran los menos.

El que el escenario estaba centrado entre 6 pequeñas gradas donde estábamos los enchufados y los fans, que o Thalia tiene muy pocos o también estaban enchufados de alguna forma. A los enchufados se nos dió una pulsera dorada o negra que no supimos averiguar en qué se diferenciaba, pero supusimos que dependía del grado de enchufismo del portador de la misma. Los fans llevaban las pulseras de color violeta y los pusieron, en plan putada, en las primeras filas de las gradas pero de detrás del escenario... y nosotros detrás de ellos/as. Como llegamos justos de tiempo nos tocó verle el culo a Thalía todo el rato.

O sea, todo muy fingido para que cuando la cámara enfocase a la mexicana, saliéramos todos detrás de ella extasiados y emocionados por su música y sus profundas letras, y eso es lo que me preocupaba a mí: nuestra disposición en la grada. Porque eso hacía que las cámaras sacasen nuestras caras todo el tiempo, lo que quería decir que nada de hurgarse la nariz, rascarse un huevo (o los dos), meterse el dedo el oído y, lo peor, quedarse traspuesto entre balada y balada. Porque no sé si lo sabéis, pero mi hora crítica del día es la que va de las 7 a las 8 de la tarde,justo cuando empezaron a grabar toda aquella farsa.

Parte del fingimiento eran los monitores con las letras de las canciones, las palabras que tenía que decir, las grabaciones de aplausos de mentira, los cortes para repetir canciones, la entrada del estilista para moverle tres pelos que daba igual que estuvieran aquí o allá... Pero bueno, como había 7 cámaras (que las conté), seguro que saldrá de esto un DVD genial que no se parecerá en nada a lo que vimos ayer, pero supongo que esa es la gracia del asunto. Porque la joven cantar no canta mal, hay que reconocerlo, porque yo me temía lo peor, que en directo fuera de risa.

Así que ahí estaba yo, a 7000 km de casa, aplaudiendo de broma a una tía de la que no había oído una sola canción en mi vida (Dios me libre y me perdone) y pensando que si se me caían los párpados me iban a ver hasta en la China mandarina dormidito como un ángel. Así que oyes, yo venga, aplaudiendo a Thalía como si fueramos íntimos de toda vida, que si queremos un hijo tuyo y ándele manito wey. Todo por el espectáculo y su Live in Miami... Pero claro, eso un ratito vale, pero dos horas, tócate los huevos.

Así que igual al resto sí, pero como a nosotros no nos dieron ni drogas ni alcohol para animarnos un poco, tuvimos que tirar de fingimiento para sonreír y aplaudir para que aquello no pareciera un entierro. Así que si mi mamá me ve, saldré hecho un pincel de guapo y contento... pero mamá era todo más falso que Judas... Ah, claro, siempre y cuando me saquen en las imágenes del principio, porque como me saquen en las del final alguien se va a dar cuenta de que aquello no había sido más que un orgasmo fingido, pero eso sí, en High Definition tú, que mola más.



J. Coltrane

viernes 26 de junio de 2009

El Rey del Soul: Gone Too Soon

Si Billie Jean levantara la cabeza le daría un pasmo. Y es que ha sido una noche rara, al menos para mí, quizás de esas en las que suceden cosas que uno siempre recuerda, de las que miras atrás y sabes qué hacías aquel día a aquella hora. No he dormido bien, daba vueltas en la cama y todo el tiempo me venía a la cabeza lo mismo: Michael Jackson (musicalmente hablando, ¿eh?). Una canción detrás de otra sonaban ahí, desde los grandes clásicos como Thriller, Off The Wall o Man in The Mirror hasta pequeñas joyas como The Lady in My Life y Pretty Young Thing.

Aunque ahora lo escucho en Remember the Time, y no lo acabo de creer. Temas como Thriller tienen ya 27 años y son todo un icono de la música moderna. Y visto ahora, con la que está cayendo musicalmente, sabe a gloria ver como ese Thriller, o los Rock With You y Off The Wall fueran éxitos merecidos a pesar de tener una calidad enorme, sí, lo digo bien, a pesar de la calidad. Son todo un reconocimiento a la buena música, a un trabajo hecho con el rigor y a la calidad musical y de producción que hoy en día se echan tan en falta en la música moderna.

Y es curioso que Jacko haya vendido hasta el momento 750 millones de discos. Es el artista que más éxitos ha tenido, con más números uno y el que más de todo ha conseguido, habiendo sido el artista de color (de color negro para ser exactos) con peor voz que he oído nunca. Sí, porque Michael Jackson ha sido un cantante negro atípico: ni se distinguió por una voz espectacular ni por ser todo lo negro que hubiéramos deseado. El ejemplo vocal está en el final de She's Out of My Life, el del color de su piel salta a la vista.

Aunque es verdad que musicalmente ya estaba muerto desde hace bastantes años, hay que reconocer a Michael que haya compuesto o interpretado canciones de esas que no deberían ser versionadas nunca, y pienso sobre todo en Billie Jean, cualquier otra versión diferente a la suya no es Billie Jean. Pero siendo justos, y quizás porque la cabra tira al monte, hay que dar un gran valor en la obra de Jacko a Quincy Jones. Sinceramente creo que sin la producción y batuta de Quincy Jones no hubiera sido quien ha sido ni hubiera alcanzado las ventas que ha alcanzado.

Los tres discos que Quincy produjo para Jackson le lanzaron ya definitivamente: Off The Wall (para mí su mejor disco), Thriller y Bad fueron las tres joyas que moldeó Quincy Jones junto a grandes letristas como Rod Temperton, Steve Wonder, James Ingram y, desde luego, el propio Michael Jackson. Pero todo eso hubiera quedado en nada sin la colaboración de algunos de los mejores músicos de sesión americanos del momento como Paul Jackson, Ndugu Chancler, Louis Johnson, Steve Lukather, Dean Parks, etc...

La suma de todos esos factores creo un monstruo que se encumbró hasta tan alto que ya no supo gestionar un éxito que lo superó emocionalmente. Desde que Bad salió al mercado, y quizás porque terminó su relación con Quincy Jones, ya nunca recorrió la misma senda del éxito por la que se había paseado todo aquel tiempo. Ese camino de rosas se convirtió en uno de espinas para él y las noticias que llegaban desde Neverland ya nada tenían que ver con la música. A pesar de ellos aún sacó al mercado Dangeorus, que sin ser un gran disco, era aceptable, quizás también por haber contado con el gran productor soul Teddy Riley.

Su último disco, Invincible, deberían haberlo llamado Infuméibol (aunque se salva alguna cosilla, eso sí) porque es muy malo. Mucha electrónica y muy poca voz; a pesar de seguir rodeado de grandes talentos, ya no levantaron una carrera musical hundida. Invincible fue el testamento musical de Michael Jackson que apenas se vendió en el mundo, cosa que, por otra parte, tampoco es indicativo de nada. Pero cuando ya parecía que renacería de sus cenizas musicales, que no de las otras, se sacó de la manga una gira de 50 conciertos y 1 millón de entradas con los que pretendía pagar algunas de las deudas que le perseguían desde hacía tiempo.

Pero esa gira ya no pagará esas facturas. Seguramente muchos de los fans guardarán esas entradas sin romper porque serán de un valor incalculable en el futuro. Seguro que en unos años multiplicarán su valor y en el eBay de turno se venderán como las entradas de los conciertos que Michael Jamás pudo ofrecer. Serán la muestra de unos fans que adquierieron más de 100 millones de discos de Thriller en una época en la que el mundo ni estaba tan globalizado como ahora, ni había la promoción que hay ahora.

Pensaba yo que incluso hasta los papás de los nenes a los que Michael gustaba acunar y dar cariño en las frías noches de invierno de Los Ángeles guardarán un buen recuerdo del ídolo más descolorido; sí, hablo de esos padres que a pesar de conocer los antecedentes del cantante, dejaban ir a sus nenes a jugar a médicos y enfermeras con él. Todo fuera por un pellizquito en sus cuentas bancarias con los que Michael tuvo que callar (que no cerrar) algunas bocas para que no destrozaran más su lamentable imagen pública.

Aunque eso no será lo único que veremos en un futuro próximo, están por llegar aquellos que lo hayan visto en un pueblecito de Iowa caminando en solitario, o aquellos que dirán que no murió de muerte natural, y se rodarán películas con su vida, se dirán cosas que serán mentira o medias verdades, se escribirán libros, se dirá que le gustaban más los niños blancos que los negros de color negro, se hablará de él en tertulias, sus hijos cuando vean la pasta se darán de hostias por un puñado de los dólares de papá, subastarán la cámara de oxígeno en la que dormía para alargar su vida (muy útil, sí señor) y, en resumen, pasarán todas esas cosas que hacen que alguien se convierta en un mito.

Pero es que los mitos tienen que ser así, con luces y sombras, porque eso es lo que les hace diferentes al resto de mortales, es lo que los convierte en fenómenos de masas. ¿A alguien le importaría un mito que no tuviera esos pequeños claroscuros? ¿y uno que no tuviera excentricidades? Seguramente no, porque serían aburridos, por eso Michael lo tiene todo para alcanzar el estatus de mito desde ahora y para siempre. Pero eso sí, quizás el rey del Soul (como me gusta a mí llamarlo) se marchó demasiado pronto, igual ya no hubiera ofrecido nada musicalmente interesante, pero quizás sí, quién sabe. Como decía una de sus canciones: Gone Too Soon.



J. Coltrane